ESTA INVESTIGACIÓN ESTA PUBLICADA EN:
Historia y paisajes regionales del azúcar en México / María Teresa Ventura Rodríguez, Sergio Rosas Salas (coordinadores), Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades "Alfonso Vélez Pliego" chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.geografia.unam.mx/geoigg/biblioteca/nuevas_adquisiciones/geog_economica/20190806110830.pdf
LA INTENCIÓN ES FACILITAR SU ACCESO PARA LOS INTERESADOS, ASÍ COMO AGREGAR ANEXOS QUE NO FUE POSIBLE EN SU MOMENTO COLOCAR EN EL LIBRO
Mixtecos migrantes al trabajo
agrícola en
los Ingenios de la Cuenca del Papaloapan,
Veracruz.
Ricardo Ceballos Soto
Posgrado
en Historia ICSyH-BUAP[1]
Enero
2015
Cuando hablamos de los paisajes del azúcar no nos referimos de manera exclusiva ni
limitada a la geografía de las regiones cañeras del país. Los paisajes, en historia se entienden como
interacciones sociales entre el medio ambiente y los seres humanos a través del
tiempo, con esta consideración en mente debemos entender que los paisajes del azúcar se extendieron en
gran parte del territorio nacional, abarcando regiones y sociedades donde
actualmente ya no se percibe fácilmente la actividad cañera pero en donde dejó
su impronta social, una impronta cada vez menos legible.
Una de las dinámicas sociales que
formaron parte de los paisajes del
azúcar fue la migración de jornaleros agrícolas al trabajo de la zafra. En éste
trabajo nos acercamos a las historias de migración a Veracruz que ocurrieron en
la segunda y tercera década del siglo XX en el municipio de Santiago Chazumba y
poblaciones vecinas ubicadas en el estado de Oaxaca.
La migración no es una dinámica
actual en la región, los mixtecos han sido una sociedad con larga tradición
viajera, sin embargo; cuantitativa y cualitativamente la de fines del siglo XX
es mucho mayor y con un rostro más descarnado. Esta situación llama
poderosamente la atención a los investigadores, siendo un tema recurrente en la
investigación regional pero que ha sido muy poco trabajado con profundidad
histórica quedándose limitada a estudios sociológicos y antropológicos de
décadas recientes.[2] De ahí que el objetivo de
éste texto sea proporcionar un acercamiento cualitativo e histórico a la
migración mixteca.
Para reconstruir esas experiencias
migratorias nos basamos en la información proporcionada por algunos ancianos de
la zona de estudio, particularmente de Carmen Ceballos Báez, Arnulfo Hernández y
Juan Flores, documentos del Archivo Municipal de Santiago Chazumba (en adelante
AMSCH), Archivo Histórico Judicial de Oaxaca (en adelante AHJO), documentos que
posee la Sra. Esperanza Martínez[3]
de Tehuacán, cuyo padre; Santiago Martínez Guzmán, trabajó como enganchador de
jornaleros agrícolas mixtecos para diversos ingenios veracruzanos, fotografías,
bibliografía diversa, así como objetos físicos presentes en la región.
Santiago Chazumba Oaxaca hacia 1930. Fotografía del Sr. Alfonso Barrios.
El texto consiste en un primer acercamiento a esta dinámica social desde una perspectiva de historia social: la historia de los jornaleros agrícolas mixtecos en los ingenios veracruzanos. Más que proporcionar información tajante o vasta sobre dimensión tan rica como la migración y el trabajo agrícola en Veracruz, apertura una serie de líneas de investigación tanto para el estudio de la migración mixteca como para el conocimiento sobre el trabajo agrícola en los ingenios cañeros de principios del siglo XX en la cuenca baja del Papaloapan. Además que proporciona nombres, apellidos y rostros a los jornaleros base de las fortunas capitalistas de la caña de azúcar.
La región mixteca es un área cultural
extendida entre los estados federativos de Puebla, Guerrero y Oaxaca. Entre los
especialistas y los habitantes existe una clasificación más que divide a la
región en Mixteca Alta, Mixteca Baja y Mixteca de la Costa, de acuerdo a sus
alturas topográficas. Las comunidades que se analizan en éste trabajo se ubican
en el entonces Distrito de Huajuapan de León dentro de la Mixteca Baja de
Oaxaca, con algunas referencias a poblaciones del estado de Puebla.
Algunas de las comunidades mixtecas de origen de los migrantes a los ingenios de Veracruz tratados en éste artículo. Elaboración personal
En la diversidad
de sus relieves orográficos se presentas nichos ecológicos que van de altas montañas
a zonas costeras en el Pacífico. Destacan amplias áreas de bosque de coníferas
en las cumbres de las montañas, selva baja caducifolia en los pequeños valles
que existen y el semidesierto en la zona colindante de Oaxaca con Puebla. En
éstos ecosistemas de selva baja y semidesierto es donde se localizan la mayor
parte de los pueblos de origen de los migrantes a la costa de Veracruz que aquí
analizamos.
La sociedad mixteca tuvo un
importante auge económico durante las épocas prehispánica y colonial. En la
época colonial la región era famosa por sus abundantes recursos naturales, la
laboriosidad de sus habitantes, su riqueza ganadera, la temprana
industrialización y la pronta inserción en redes mercantiles novohispanas. El
siglo XIX no ha sido investigado ampliamente como para arrojar luz suficiente sobre
su desarrollo económico durante esta centuria. Lo que es un hecho es que,
posterior a la Revolución comenzó un proceso de empobrecimiento y marginación
que llevaron a convertir a la región en expulsora de población. La tala de
bosques originales, el sobrepastoreo, la perdida de técnicas agrícolas
mesoamericanas y el cambio de uso de suelo en época colonial, son algunos
elementos que han conllevado a un agotamiento de recursos naturales, uno de los
factores que orillan a la migración.[4]
En varias comunidades de la región el
recuerdo entre los ancianos de sus viajes a la costa veracruzana aún está
presente. Recuerdo que no se desvanece gracias a las viejas fotografías
guardadas entre los habitantes así como por elementos físicos visibles; huellas
visuales en su cartografía mental. Como ocurre en San Juan Yolotepec donde
afirman que la imagen del Señor del Buen Viaje es réplica del Cristo del barrio
de “La Huaca”, en el puerto de Veracruz. Mientras que en el centro de Trinidad
Huaxtepec se levanta un reloj de sol en piedra cantera, mandado a hacer y
colocar en 1868 por los migrantes del pueblo radicados en Córdoba.
En el caso de Santiago
Chazumba, prueba de las migraciones de sus habitantes a la costa veracruzana es
la cita escrita en el frontón del cementerio municipal: “Descúbrete mortal,
la frente inclina, que el orgullo mundanal aquí termina”, que trajeron de
Acayucan y comparte con varios
cementerios de la región tuxtleca.[5] Además,
la escuela primaria local y una calle principal llevan el nombre de su migrante
en Veracruz más ilustre, su hijo emérito: Hilario Carlos de Jesús Salas Rivera,
promotor del movimiento revolucionario en el Cantón de Acayucan.[6]
Hilario C. Salas a los 18 años con su hermano.
El recuerdo también
está presente en los pueblos veracruzanos fundados por migrantes oaxaqueños, y
las evidencias documentales en sus archivos locales. Por ejemplo, en el Valle
de Orizaba, entre los migrantes provenientes de diversos puntos del país y que
laboraban en los primeros años de la fábrica de Santa Rosa; fundadores del
pueblo, aparecen oriundos de Huajuapan, Asunción Chila, San Francisco
Huapanapan y San Martín Atexcal.
Mientras que en la
mitad del siglo XX el pueblo La Luz, cercano a Córdoba, fue fundado por
mixtecos de las montañas de Tlaxiaco. Los mismos, junto con numeroso
contingente de San Juan Mixtepec y apoyados por el exgobernador Cándido
Aguilar, fundan posteriormente la Colonia Abasolo del Valle en el Municipio de
Playa Vicente.[7]
En aquellos años
de principios del siglo XX, afirmaba Juan Flores de Yolotepec: “todos nos dedicábamos a las labores del
campo. Si íbamos a otras partes preferíamos trabajar en el campo. En el estado
de Veracruz la tierra era prodiga, por eso los mixtecos migrábamos hacia allá;
nos ocupan en cosechar maíz, frijol, cortar café y mango, en los trapiches y en
la zafra”[8].
En tanto que Arnulfo Hernández de
Chazumba así recordaba los viajes a la costa de Veracruz y la labor de Santiago
Martínez:
“no precisamente a Veracruz sino al estado,
pero el abuelo de mi esposa fue uno de los contratistas pudiéramos decir (..,)
tenía su tiendita aquí muy bien armadita y eso, pero le daban oportunidad de
juntar algunas gentes; 11, 15, 20 los que le encomendaban, y esos les decían
cuadrillas (..,) pero esos iban al corte de caña, se pasaba la temporada de ese
corte de caña y regresaban con sus centavitos..,”.[9]
Entre 1910 y 1930
los pueblos de donde salían los jornaleros agrícolas eran Chazumba, Olleras,
Fronteras, Trujapan, Huapanapan, Huaxtepec, Acaquizapan, Joluxtla, Chinango,
Tequixtepec, Nochixtlán, Mixquixtlahuaca, Zapoquila, Yolotepec, Tonahuixtla y
Magdalena Tetaltepec. En algunos años, apuntaba Santiago Martínez, que también llevó gente de Silacayoapan y Yucuyachi del lejano
Distrito de Silacayoapan.
Martínez Guzmán
reunía mayormente a gente entre los pueblos vecinos a Chazumba, pues le era
posible por su gran preeminencia social en la región. Músico y ocasionalmente
comerciante, tenía gran cantidad de conocidos y compadres en los pueblos
localizados entre las ciudades de Tehuacán y Huajuapan. No fue el único
enganchador en la región durante esas décadas: Florentino Salgado, Víctor
Espinoza, Pomposo Arellano, Cándido Hernández, Silviano Toscano y Joaquín
Toscano, entre otros, también participaron en esta lucrativa actividad.
Enganchadores originarios de la región expulsora, porque además los ingenios
solían mandar agentes que fungían como enganchadores a pueblos de la mixteca y
la sierra oaxaqueña.
Santiago Martínez
Guzmán. Fotografía de Arnulfo Hernández.
Los campesinos de la zona se
dedicaban a cultivos de subsistencia y el dinero circulante era escaso. Algunos
de los motivos para migrar a Veracruz fueron la pobreza extrema, la baja en el
precio del sombrero de palma, la inexistencia de ganado en la familia, la falta
de tierras propias para trabajar y las malas temporadas agrícolas. También, en
algunos momentos de su vida los mixtecos requerían gran cantidad de dinero;
como cuando se comprometían para el matrimonio porque acorde a los ritos
matrimoniales requerían dinero suficiente para solventar su compromiso.
De igual forma el ser nombrado
autoridad municipal. Cuando esto ocurría muchos migraban huyendo para no
cumplir el cargo, mientras que otros; una vez terminada su comisión, migraban
porque quedaban fuertemente endeudados. Lo mismo ocurría cuando se era nombrado
mayordomo de alguna imagen religiosa, pues esto requería disponer de recursos
monetarios para las cooperaciones que se les exigían.[10]
Los enganchadores reunían a su gente en el centro de
Chazumba. Los provenientes de pueblos cercanos se mantenían en sus casas
atentos a la fecha y horario de salida, mientras que los de comunidades más
lejanas tenían que esperar en la posada que el enganchador se encargaba de
conseguirles. Ya reunida una cantidad aceptable de mozos se formaba la cuadrilla.
Se aplicaba el término cuadrilla al
conjunto de individuos enganchados para el trabajo agrícola de determinada
finca o ingenio, y no implicaba un número determinado de integrantes por lo que
podía ser de distinto tamaño. A dicho conjunto de migrantes se les asignaba un
conductor responsable del traslado hasta los ingenios de Veracruz, persona
capaz por conocer el camino y los contactos necesarios. Así como de confianza
absoluta del enganchador; pues el éxito y las ganancias dependían en gran
medida de la eficiencia del conductor de cuadrilla. Como lo fue Homobono Larios,
persona de confianza de don Santiago Martínez, aunque en muchas ocasiones él
mismo Martínez condujo a las cuadrillas.
La documentación localizada no arroja
suficiente información sobre los meses en que migraban mayoritariamente los
mixtecos de esta región, migración determinada por decisiones individuales, así
como por el ciclo agrícola regional. El proceso comenzaba hacia noviembre de
cada año, y las remesas de jornaleros agrícolas no se detenían y podían
continuar durante todos los meses de zafra, de noviembre-diciembre a mayo-junio.
Sin embargo, durante todo el periodo de estudio, los migrantes que disponían de
tierras propias en sus pueblos solían regresar a la Mixteca al iniciar las
lluvias para labrar sus parcelas, conllevando un alto riesgo para la producción
del ingenio.
Los estudios del trabajo en los ingenios
han determinado la necesidad de mano de obra abundante durante toda la zafra,
pues el corte tiene que responder a las necesidades del molido para asegurar el
mayor aprovechamiento y rendimiento de la producción, un retardo en el
abastecimiento de la caña cortada implica menor producción.[11]
Por eso la necesidad de establecer medios de control y contratos con las
cuadrillas para asegurar que cumplirían su estancia mínima requerida. Aunque en
este caso migratorio las cuadrillas iban ya enganchados y destinados
directamente a los ingenios, en general los mixtecos no viajaban únicamente al
corte de caña, cualquier otra actividad agrícola era aceptada.
Se iban principalmente los hombres,
adultos y también muchachos recién entrados a la adolescencia. Aunque
numéricamente están menos representadas también migraban mujeres. En los
adelantos en efectivo que se les hacía destacan enormes disparidades: un hombre
podía recibir 20 pesos en 1915, mientras que un muchacho recibía la mitad o
menos, y las mujeres nada, puesto que no viajaban solas sino como parte de una
familia y su esposo era quien recibía el dinero.[12]
El adelanto de dinero no aseguraba el
cumplimiento de lo pactado, tal como nos indica el juicio legal que entabló en
Huajuapan Manuel Corro Vásquez contra Víctor Espinoza de Chazumba en el año de
1903, pues:
“Don
Víctor Espinoza (..,) esta comisionado por un señor González de San Andrés
Tuxtla para que le consiga gente que trabaje en la finca del señor González
(..,) con tal motivo el expresado Espinoza antisipa dinero a individuos que
solicitan trabajo, y por tal causa, varios individuos de los pueblos de
Nochistlán, Chazumba, Olleras, Frontera, Huapanapam, Tequixtepec, Chinango,
Jolustla y Acaquizapan (..,) le eran deudores de algunas cantidades que hacen
en junto una suma de consideración”.[13]
Espinoza
se había comprometido a pagarle a Corro una comisión si lograba que sus
deudores pagaran o se fueran con él a trabajar a Veracruz, pese a recuperarle
1000 pesos no le pago la comisión pactada.
Así, las cuadrillas no se iban a
buscar trabajo, ya el enganchador tenía contrato con los dueños de los ingenios.
A Martínez Guzmán, previamente remitían dinero a Veracruz o a Tehuacán mediante
casas financieras como la de los “Viya Hermanos Sucesores”, o la “Gómez Trapaga
Hermanos”. Dinero necesario por los gastos que implicaba pagar posadas,
alimentos y pasajes durante todo el trayecto. Además que para asegurar la mano
de obra necesaria para el corte de caña mediante el adelanto de dinero en
efectico.
Las horas de salida no son posibles
precisar. La cantidad de gente, su edad, el número mujeres y la salud de los
integrantes de la cuadrilla determinaban si caminaban hasta pernoctar en
Zapotitlán Salinas, o podían caminar todo el día hasta Tehuacán. Ya estando en
esa ciudad, los horarios del tren establecían la hora de salida a la estación
de Esperanza, y de ahí a Veracruz donde continuaban hasta Alvarado, donde desemboca
el Papaloapan. Seguían en lancha hasta Tlacotalpan donde, de acuerdo a los ingenios
con que tenían contrato, comenzaban a entregar las cuadrillas de mozos.
Si de por sí no era un viaje fácil y
la estancia misma difícil para los mixtecos, durante la década revolucionaria
la necesidad de migrar y los riesgos se incrementaron. Desde su salida el
recorrido a pie era considerable, aquellos que viajaban solos se exponían al
riesgo de ser asaltados y a la leva forzada, solían encontrar poblaciones
tomadas por los revolucionarios, el tren podía descarrilar, y los que viajaban
a pie cruzaban los túneles del tren con el riesgo de ser prensados, además del
tráfico fluvial interrumpido o detenido por los revolucionarios.
Veracruz era la tierra de la promisión para todo
campesino pobre del interior del país, sobre todo para los mixtecos. De manera
opuesta a sus interminables montañas aquí una extensa zona costera con altos
niveles de humedad permitía una agricultura intensiva. La zona expulsora se
caracteriza por la selva baja y el semidesierto donde se criaban vacunos
famélicos y solo las cabras engordaban en tiempos de lluvia. La zona receptora
en cambio contaba con extensas planicies selváticas, convertidas a fuerza de
destrucción biológica en pastizales para la ganadería extensiva.
Los
mixtecos tratados en éste estudio arribaban a la extensa cuenca baja del Papaloapan.
Aquí la abundancia de lluvias y el clima permitían la agricultura de productos
de exportación: café, tabaco, plátano, piña, cítricos, y por supuesto caña de
azúcar. Mientras que en su zona de origen los cultivos de autosubsistencia
estaban sometidos al régimen de las lluvias de verano y limitados a la triada
mesoamericana de maíz, frijol y calabaza. Cuando les iba bien levantaban una
cosecha, cuando no la recolección de productos de monte, su atajo de chivos y
el tejido de sombrero les permitía malpasar el año.
Si la naturaleza favorecía la
producción agrícola en la costa veracruzana, factores histórico-sociales habían
convertido a la entidad federativa en una de las economías más pujantes y
desarrolladas del país. Ya desde época colonial contaba con el principal puerto
del país, y para fines del siglo XIX el sistema económico porfirista favoreció
el arribo de capitales nacionales y extranjeros que habían desarrollado
importantes corredores industriales, mientras que las leyes liberales habían
posibilitado el acaparamiento de tierras para la agricultura de exportación.
Aun con lo anterior, la zona estaba
relativamente poco poblada, apenas los avances médicos habían podido enfrentar
los males del trópico, por lo que la mano de obra no era suficiente para
abastecer las necesidades de una economía en ascenso, favoreciendo flujos de
migración que llegaba de diversos puntos del territorio nacional. El polo de
atracción económica era de tal fuerza que no solo los oaxaqueños eran atraídos
a la entidad, aun de zonas mejor posicionadas económicamente como el valle de
Puebla-Tlaxcala viajaban en gran número a la agricultura y la industria
veracruzana. Como parte de la política de una colonización blanca se dieron
facilidades a los colonos europeos y norteamericanos interesados en poblar el
espacio, aunque en general fue una zona de recepción de mestizos e indígenas
originarios del interior del país.
Históricamente habían ocurrido
importantes cambios en la economía regional, de tal manera que el algodón,
principal cultivo en el Cantón de Cosamaloapan había decaído, en tanto que en
la parte alta de la cuenca el cultivo de la piña iba en ascenso al igual que el
del plátano. En el caso del azúcar, aunque con larga tradición en la zona,
había comenzado su ascenso a fines del siglo XIX y su auge se da entre 1910 y
1930. En nuestra región cañera de estudio, hacia 1910 había 13 ingenios y 6
trapiches que se habían venido modernizando, y que padecían las crisis
recurrentes de un producto inserto en el mercado mundial, además de tener que competir
con la producción del estado de Morelos. Los dueños paliaron la situación
endeudándose, pagando bajos salarios a los trabajadores y destinando parte de
sus terrenos a otros cultivos comerciales.
El tendido de vías férreas originó
cambios importantes en la economía regional, la prolongación del ramal que unió
la zona de Orizaba-Córdoba con el Istmo de Tehuantepec determino que
Cosamaloapan se posicionara económicamente en la región, desplazando a antiguos
centros como Tlacotalpan y Alvarado dependientes aun de las antiguas vías
fluviales.[15]
Santiago Martínez trabajó para diferentes
ingenios durante el lapso de estudio. Con Santa Fe en 1911, con San Francisco
El Naranjal y Paraíso Novillero en 1915, para el San Miguel Tlacotalpan en
1920, en 1924 con Cuatotolapan y para 1925 con El Modelo. En su documentación
destacan el Ingenio Santa Fe y Paraíso Novillero por los varios años en que
envió gente para el trabajo, así como por la comunicación constante que tendió
con ellos.[16] Es
por ello que centraremos nuestra atención en estos dos ingenios, sin descartar
que otros enganchadores de la región mixteca trabajaran para otros ingenios en
toda la región de la Cuenca baja del Papaloapan.
Si bien el enganchador principal de
éste estudio no trabajó con San Cristóbal, su cercanía a los ingenios de
estudio, su trascendencia en el tiempo, y los estudios que se han realizado
sobre el mismo nos proporcionan información relevante del trabajo dentro de un
ingenio en las primeras décadas del siglo XX, por lo que es de conveniencia
tomarlo como punto de referencia. Fundado hacia 1896, a 8 kilómetros río abajo
de Cosamaloapan, contaba con poco más de 7000 hectáreas a principios del siglo
XX. Con capital de origen mexicano y español se compró maquinaria
norteamericana con lo que comenzó su producción. Su desarrollo fue de tal
magnitud que se llegó a conocer como “El gigante del Sotavento”.
Mapa de la región receptora y algunos
de los ingenios mencionados. Elaboración personal.
Paraíso Novillero fue fundado con
capital francés hacia 1898. Sobre el río, kilómetros más arriba de Chacaltianguis,
casi llego a completar las 10,000 hectáreas.
La abundancia y riqueza de sus tierras posibilitaron el cultivo de hule,
frutales y hortalizas, así como la cría de ganado vacuno. Su ascenso fue hasta
1919 cuando las situaciones a nivel local, nacional e internacional cambiaron,
lo que conllevo a su decadencia.
Muchos kilómetros más abajo sobre el
Papaloapan y a 17 kilómetros de Tlacotalpan, en 1903 aparece el Ingenio Santa
Fe. Con capital norteamericano de la Mexican Sugar Refining Company Limited.
Convirtiéndose en uno de los más grandes y modernos, llegando a contar con su
propia flota naviera para trasladar sus derivados de caña.[17]
Una vez que llegaban al ingenio eran recibidos por el
administrador y las cuentas ajustadas con el encargado de la conducción de la
cuadrilla. El ingenio Santa Fe siempre reconoció los gastos de mujeres y
muchachos excedentes, sin embargo no necesariamente los contrataban.
Hay que precisar que dentro de los ingenios
había dos tipos de trabajadores, los que beneficiaban la caña para convertirla
en otros productos dentro de las instalaciones; obreros, y los que trabajaban
en el campo en la atención, quema y corte de la caña; jornaleros. Esta
distinción no solo implicaba el espacio físico donde se desarrollaba su labor, sino
diferencias muy importantes. Mientras los trabajadores del trapiche eran de las
localidades cercanas, tenían un mejor salario, más meses de trabajo al año, así
como un horario que cumplir y posibilidad de organizarse, los jornaleros
agrícolas eran provenientes de otras puntos de la república, tenían bajos
salarios comparativamente al de los obreros, únicamente seis meses de trabajo,
trabajaban por destajo; lo que les llevaba a laborar todas las horas que sus
cuerpos les permitieran; 10 o más, y por su trabajo; extendidos en el campo cañero,
y sus orígenes diversos, tuvieron pocas posibilidades de organizarse como
grupo, aunque ocasionalmente sus lazos de identidad étnica les permitieron
movilizarse.
Ambos grupos, tanto obreros como
jornaleros agrícolas, no tenían derechos, seguridad laboral o algún tipo de
prestación. Sujetos a los caprichos de los administradores, estaban controlados
y vigilados por los patrones, soportando abusos de las guardias blancas en los
trapiches y de los cabos de cuadrilla en el campo. La violencia revolucionaria
en el área, aunque de baja intensidad, justificó a los patrones para armar
rurales, como ocurrió en San Cristóbal, y para fortalecer la vigilancia de las
actividades políticas de los trabajadores.
El maltrato a los trabajadores no
quedó registrado en la memoria de los migrantes ni en los documentos de
Martínez Guzmán, antes bien en la memoria de los ancianos siempre se guardó una
gran consideración por don Santiago y su familia; quizá siempre procuro el
bienestar de sus paisanos enganchados. Sin embargo otras fuentes nos aportan
información de que los abusos eran comunes.
Esos abusos llevaron a que los mozos
abandonaran los ingenios donde el nivel de explotación les era intolerable,
como ocurrió en febrero de 1913 dentro del ingenio San Francisco de
Tlacotalpan, en que se sublevó una cuadrilla. Abandonaron el trabajo y a su
paso incendiaron los cañales, por lo que las autoridades aprenden a 20, y
ocasionan que se levanten 200 más con el fin de liberar a sus compañeros detenidos.
La autoridad local dio trámite para una solución favorable a los trabajadores, más
por el temor del desorden generalizado que por vocación de protección al
jornalero agrícola. Esta posibilidad de abandono masivo del trabajo no frenó el
abuso, y los patrones tenían guardias blancas en el trapiche que vigilaban las
actividades políticas de obreros, y controlaban al cabo de cuadrilla que
vigilaba la organización de los jornaleros, además de la confabulación con las
autoridades locales y cantonales.[18]
Más de un migrante mixteco se sintió
engañado por los enganchadores veracruzanos que visitaban sus montañas y les prometían
altos salarios y condiciones favorables. Una forma de solucionarlo era
abandonar el ingenio y buscar trabajo en otras fincas o ingenios. Y es que los ingenios
se peleaban la mano de obra, por lo que establecieron formas de control a fin
de asegurar los trabajadores, ya apuntamos las formas represivas, pero también
se incluyen otras no tan agresivas tales como el trabajar con enganchadores de
confianza, solicitar listas con nombres de los mozos, y el facilitar adelantos
económicos. Decían los Viya Hermanos a Martínez Guzmán: “si puede evitarlo, no haga anticipos que a nadie estamos haciendo,
pero, por supuesto, si Cuatotolapan los está haciendo, tenemos que competir con
esa finca para que no se lleve la gente”.
Pero incluso los enganchadores se
robaban entre si sus cuadrillas, como en 1921 en que Santiago Martínez pasó el
mal rato y la vergüenza de que otro vecino de Chazumba convenciera en medio de
la embriaguez a sus compañeros para abandonar Santa Fe y llevarlos a San
Cristóbal, aunque ahí no se quedaron y se movilizaron hasta el ingenio San
Gabriel.[19]
Pese a los maltratos y abusos en
algunos ingenios, la cantidad de personas que migraba se incrementaba conforme
la pobreza se extendía en la región. Durante octubre de 1915 salieron de
Chazumba 65 personas de diferentes pueblos rumbo a Paraíso Novillero y 66 a
Santa Fe. Para mayo del año siguiente salieron 23 más. Durante esos dos años la
región expulsora padeció enfermedades, malas cosechas y las entradas de
revolucionarios a sus pueblos, motivos de peso que orillaban a escapar de la
zona.[20]
Aun así, el trabajo agrícola en los
campos veracruzanos tenía la capacidad para absorber gran cantidad de mano de
obra, y los ingenios estaban interesados en obtenerla. Para convencer a
Martínez Guzmán de trabajar con ellos, los Viya Hermanos en agosto de 1916 le
escribían: “Estamos conformes con pagar á
Ud. $25.- infalsificable de comisión por hombre que nos consiga para el Ingenio
Santa Fe y está bien que venga la gente en partidas de 10 hombres, si no se
pueden traer más…, pero estamos dispuestos a recibir TODA la gente que nos
mande”.
Además, para atraer a los jornaleros
se comprometían a proporcionar buenos salarios: “Estamos pagando $3.50 infalsificables de jornal, alimentos, y medicinas.-
A los cabos $4.- en las mismas condiciones.- A las molenderas diez
centavos por ración. A las cocineras
$1.- diarios. A las mujeres, por supuesto, también damos comida. En cuanto al
tiempo que puedan estar en el Ingenio es indefinido, todo el que quieran,
procurando siquiera seis meses, ó hasta el fin de la próxima zafra que será
Abril ó Mayo”.[21]
El corte de caña era un proceso
pesado que desanimaba a los habitantes locales a trabajar, a excepción de los
más necesitados, por lo durante el tiempo de la zafra la población en la región
tenía un incremento considerable a causa de los migrantes. Mientras que en
Santa Fe llegaron a trabajar 200 en el trapiche y más de un ciento en los
campos de manera regular, en San Cristóbal ocupaba a más de 200 trabajadores
agrícolas durante la época revolucionaria y su crecimiento desmesurado en la
década de los 20´s obligo a tener más de 300 trabajadores de campo. Durante la
zafra de 1915-1916 solo Martínez Guzmán introdujo a la región 154 jornaleros, y
para 1925 llevó a más de 100 trabajadores enganchados a Paraíso Novillero.
Ya estando allá, el mixteco percibía
las grandes diferencias con su región y las incomodidades del trabajo: la
humedad tropical les incomodaba, el zancudo, la nigua y la conchuda se les
pegaba a la piel, así como el pinolillo y el pica-pica podían soltar sus
aguates en el aire. Juan Flores recordaba la experiencia: “con el trabajo la playera se sudaba, la exprimía y me la volvía a
poner. La ropa siempre estaba llena de lodo. En donde tenía que chapear (..,)
el agua llegaba hasta las rodillas, lo mismo donde tenía que sembrar..,”
Además, precisaba jocoso: “Me gustaba comer mucho, siempre tenía mucha
hambre, en una comida terminaba hasta un
cuartillo de maíz, o sea veinticinco tortillas, una jícara grande de
atole, y bastantes frijoles. Cuando no
había, comía zapote lingo”.[22] Porque
el cambio de dieta y la cantidad eran importante para aportar suficientes
kilocalorías que el trabajador necesitaba para soportar altas temperaturas y
largas horas de trabajo.
Si en la región expulsora los movimientos revolucionarios
tenían un impacto importante y la pobreza y el hambre se extendían, en los
alrededores de Cosamaloapan las cosas eran diferentes, en esta región los
movimientos políticos revolucionarios no tuvieron un impacto tan importante
como lo tendría la primera reforma agraria.
La participación armada en la zona
fue muy escasa, debido a la baja densidad poblacional, la inexistencia del
peonaje, salarios relativamente altos y la estructura clientelar que dominaban
la elite regional basada en el arrendamiento de tierras. Fue así como los
escasos movimientos maderistas, incluso el que logró tomar la cabecera cantonal,
no tuvieron cauda de seguidores, siendo sofocados por las elites locales porfiristas
que controlaban la percepción popular mediante medios de comunicación escritos.
El movimiento zapatista apenas y tuvo algunos seguidores, quienes en realidad
pugnaba por intereses locales. Más aun, muchos “revolucionarios” en realidad
pertenecían a las clases acomodadas que procuraban así inclinar el poder a su
favor ante la amenaza de otras facciones de elite o de movimientos de carácter
popular.
Cuando los Carrancistas arribaron a
Veracruz instalan en el poder a Cándido Aguilar quien promueve la remoción de
autoridades de tendencia porfirista y ratifica las promesas de carácter agrario
de Venustiano Carranza, atrayendo así a las masas populares de la región de la cuenca.
El Cantón de Cosamaloapan fue considerado clave y su control efectivo urgente, pues
la riqueza ganadera y agrícola les eran necesarias para su guerra contra otras
facciones revolucionarias, pero además les permitía el acceso a Oaxaca por el
camino de Tuxtepec, o bien por ferrocarril llegando al Istmo de Tehuantepec,
además del control de Tabasco y Chiapas. Por ello prestaron mucha atención a la
zona y si las regiones aledañas mostraron mayor virulencia, Cosamaloapan se
caracterizó por la tranquilidad y posibilidad de continuar sus actividades económicas
a partir de 1915, tras breves levantamientos y estallidos sin mucha repercusión
en la infraestructura productiva.
De tal manera que la primera etapa de
la Revolución no impactó seriamente en el trabajo de los ingenios y la
producción cañera, antes bien una serie de factores hicieron que fuera una
década de crecimiento para los ingenios veracruzanos. La destrucción de los ingenios
de Morelos, que tardaron muchos años en volver a operar, apertura la
posibilidad de abastecer el mercado interno nacional, pero además la Primera Guerra
Mundial ocasionó una baja en la producción de azúcar a nivel mundial,
ocasionando un alza en el precio del producto, y los ingenios de la Cuenca se
interesaron en abastecer éste mercado.[23]
Si la Revolución en un principio no
afectó directamente a la zona, la Ley Agraria del 6 de enero de 1915 si tuvo un
impacto mucho mayor. Atrae a los campesinos a la causa carrancista y, gracias a
los promotores agrarios enviados por el gobernador Cándido Aguilar la
legislación es conocida por las comunidades veracruzanas. De manera inicial solicitan
restitución de sus tierras Alvarado, Cosamaloapan, Chacaltianguis, Tesechoacan
y Tuxtilla. Pidiendo terrenos que en el siglo anterior, durante la
desamortización, las elites cuenqueñas se habían apoderado, con el paso de los
años muchas de estas tierras habían sido incorporadas a algunos ingenios.
En Cosamaloapan los resultados
finales hacía 1920 no fueron favorables para los campesinos, pues aunque se buscó
afectar a San Gabriel y a San Cristóbal, sus dueños apelaron a las leyes,
retrasaron su aplicación, y convenientemente dividieron algunas áreas en lotes
de 50 hectáreas, extensión que la misma ley protegía, además que inicialmente
el gobierno procuro proteger a las agroindustrias de la afectación agraria. Aunque
algunos hacendados afectados se mostraron hostiles a los campesinos, de manera
inteligente los dueños de ingenios y los productores de plátano supieron
aprovechar la situación, pues disminuían las tensiones agrarias al permitir que
los campesinos ubicados dentro de sus campos sembraron para su autoconsumo,
pagaban altos salarios y usaron efectivas redes de patronazgo y clientela. Como
tenían mayor interés en la producción de la caña que en la propiedad de la
tierra, en caso de ser afectados por la Ley agraria y tuvieran que entregar
terrenos, se comprometían a comprar la producción del ejidatario y mediante
otros mecanismos de control siguieron asegurando la producción.[24]
Además del agrarismo, en la
Revolución se gestaron otros cambios que tendrían repercusión años después. La
región fue campo de acción del Partido Liberal Mexicano antes de la Revolución,
cuya predica se realizaba mayormente entre trabajadores como los tabacaleros y
los obreros del trapiche. Con el gobierno revolucionario en Veracruz a los
obreros les fue finalmente posible organizarse. En septiembre de 1914 se formó un
Sindicato de estibadores y jornaleros en Tlacotalpan, y al mes siguiente nace
el Sindicato de Obreros “Paz y Progreso” del ingenio Santa Fe.
Tanto agrarismo como sindicalismo son
mayores durante la década de los años 20´s, por ejemplo en 1925 había dos
sindicatos en San Cristóbal y uno en Paraíso Novillero, mientras que el del ingenio
Santa Fe había hechos considerables avances en su organización política. Los
sindicatos procuraron la aplicación de la Ley del Trabajo de 1918 expedida por
el gobernador Cándido Aguilar.[25] El
horario máximo de trabajo, las mejoras salariales y la seguridad laboral fue
del interés de los obreros del trapiche,
muchos de ellos originarios de la zona, así como la restitución de tierras y
posteriormente la dotación de ejidos lo fue de los pueblos veracruzanos.
Cabe preguntarse el impacto que tuvieron
la organización obrera y las demandas agrarias de los veracruzanos de la cuenca
entre los jornaleros agrícolas de la mixteca, la información localizada parece
indicar que muy poco en realidad. La mayoría de ellos eran migrantes con
aspiración de regresar a sus comunidades una vez terminada la zafra, muchos de
ellos monolingües, los más bilingües, sus orígenes eran de diversas comunidades
mixtecas y su filiación étnica no iba más allá de los nativos de su pueblo,
acaso extendiéndose a comunidades vecinas con los que no tuvieran conflictos
ancestrales.
Es importante preguntarse si durante
el proceso sindicalista y agrario que integró esencialmente a los nativos de la
cuenca del Papaloapan, los patrones hicieron uso de estos indígenas mixtecos como
grupo de choque, y que les favorecieran particularmente para asegurar la mano
de obra y sus ganancias económicas. Tal vez las comunidades de origen mixteco,
surgidas en los años 30´s en la costa veracruzana, hayan sido proyectadas por
la burguesía agroindustrial para asegurar un repositorio seguro de mano de obra
barata.
También cabe la posibilidad que
durante la organización política agraria promovida desde el gobierno de Adalberto
Tejeda, los agraristas se hayan acercado a estos grupos jornaleros en su
combate contra los terratenientes integrándolos a su organización. El agrarismo
veracruzano tuvo tal fortaleza que se concretó mediante la creación de una Liga
Nacional Campesina con fuerte influencia de los veracruzanos. A fines de los
años 20´s la organización política de los agraristas y sus ventajosas alianzas con el gobierno
estatal, recrudecieron la violencia entre terratenientes y campesinos. Una
línea de investigación que se abre es precisar que relación tuvieron los
jornaleros agrícolas de origen mixteco en estos conflictos y a que bando se
afiliaron.[26]
Durante
toda la temporalidad de estudio, una vez que se acercaba mayo, el riesgo del
abandono del trabajo por parte de los jornaleros agrícolas se hacía mayor, las
lluvias en su región de origen comenzaban a prepararse y les era necesario
volver a sus parcelas para comenzar su ciclo agrícola anual. Cuando finalmente regresaban
a la región otra vez viajaban acompañados por su seguridad, los ladrones en la mixteca
sabían bien que los jornaleros regresaban cargaditos de dinero. El dinero
ganado lo ocultaban en su ropa, además de traer ayates con ropa para sus
familiares u otros regalos. Así recuerda Carmen Ceballos Báez el retorno de su tío
Gregorio: “Estaba llenecito su culebrón
de dinero, entonces se acostumbraba culebrón, como cinturón pero cosido, allí
se guardaban el dinero, era puro peso; puro peso grande esos que parecen
espejos.., traiba harto dinero y ropa”.
En este ir y venir viajaban ideas,
creencias, hábitos y costumbres. Historias de vida de migrantes, con sus
aspectos luminosos como la posibilidad de hacerse de dinero, conocer nuevas
regiones, traer ideas de mejoramiento social a sus comunidades, así como
aspectos oscuros de historias sobre muerte y separación. El mismo tío que
recordaba Carmen Ceballos fue muerto por uno de sus paisanos que lo embriago y
lo ahorco para robarle su dinero. Y su tía Jacoba que cuando se fue a Veracruz
dejo a sus 4 hijos en casa de su madre: “un
chamaco todavía se quedó arrastrando la cola, todavía no se paraba apenas
empieza a pararse. La mujer se fue pa Veracruz, ahí llego encontró hombre después
que ya ni volvió a preguntar hasta como a los cuatro años, tonces regreso, dicen
ya nomás a robar los hijos y se largó.., todos se fueron a Veracruz”, con
todo y metate, hacha, machete y pala de los dueños de la casa.[27]
La economía regional en la Mixteca quedo devastada
luego de la etapa armada de la Revolución, eso llevo a un gran movimiento
migratorio con el que los habitantes de la zona quisieron paliar su pobreza.
Tantos llegaron a ser los migrantes que la autoridad municipal de Chazumba temió
la despoblación de algunos barrios y rancherías. Por eso se tomaron medidas
para frenar la salida de gente, tales como el cobrar impuesto a los
enganchadores, prohibir terminantemente la migración a los ciudadanos, y
extender las medidas locales a los municipios vecinos. Fue así como se ordenó
la aprehensión de Cándido Hernández en diciembre de 1921 por haber convencido a
adolescentes en edad escolar a viajar con él al trabajo en Veracruz.
Aunque en la tercera década del siglo
XX los ingenios se mantuvieron en crecimiento, los procesos internos en la
Cuenca como el sindicalismo y el agrarismo comienzan a interferir en los
procesos productivos y, consecuentemente, en la menor necesidad de mano de obra
externa. En la documentación de Santiago Martínez Guzmán la información sobre
el traslado de migrantes al trabajo de los ingenios termina hacia 1925. Las causas
que conllevaron a la disminución de la migración a la costa veracruzana se
encuentran tanto en la zona expulsora como en la receptora.
En la región expulsora, aunado a las
medidas del gobierno para evitar la migración, la construcción de caminos, escuelas e
infraestructura municipal requirieron la mano de obra local que mediante
tequios y faenas construyó esas obras. Además a principios de 1930 comienzan
con sus propias demandas agrarias y otros puntos de migración comenzaron a
establecerse: Huajuapan, el valle de Orizaba, Tehuacán, Puebla y México.[28]
En la zona receptora las demandas
agrarias que venían de la década anterior se incrementan, de restitución de
tierras se pasó a la petición de dotación de ejidos, solicitudes agrarias aún
mayores en los años 30´s con altos niveles de violencia. Así también el
sindicalismo se incrementa notoriamente a partir de 1925 dentro de los ingenios,
gracias a la labor de la CROM. La inexperiencia política inicial y el control
efectivo de los patrones sobre los trabajadores durante los primeros años se habían
superado, y la organización obrera se fortaleció con la vinculación de algunos
comités sindicales al Partido del Trabajo de Tlacotalpan que en 1922 se convierte
en una Cámara del Trabajo.
Los grupos sindicales ocupan la
huelga como arma de lucha y las relaciones de los obreros con los patrones se vuelven
conflictos en escalada. Con el argumento de la baja de precio del azúcar a
nivel nacional e internacional, los patrones tratan de efectuar restricciones
salariales y pagar con vales, o el desempleo. Situación intolerable para los
trabajadores en general, por lo que los mayores conflictos estallan al iniciar
la década de los 30´s.[29]
Estas situaciones, junto con la
competencia entre ingenios y las crisis recurrentes del mercado internacional
conllevaron a la desaparición de los ingenios cañeros. Mientras San Cristóbal
es el único que se fortalece y puede remontar la etapa, Santa Fe desaparece en
1937 a causa del fuerte sindicalismo entre sus filas obreras, aunque nunca había
sido un negocio saludable desde al menos 1908. Mientras que Paraíso Novillero
se ve fuertemente afectado por las dotaciones a pueblos colindantes y
desaparece a fines de los 30´s.
Por último, una serie de inundaciones
entre 1930 y 1933 ocasionan un mayor hundimiento de la actividad productiva. Ante
todo éste escenario desolador, las condiciones laborales y de vida de los
jornaleros mixtecos se vuelve insoportable. Así fue como los mixtecos dejaron
de viajar en gran número a Veracruz al trabajo de los ingenios. Cabe el preguntarse cómo se organizaron
algunos de ellos de tal manera que durante el agrarismo veracruzano se vieron
beneficiados con dotación de ejidos en diversos puntos del estado, quedándose
ahí con sus familias para siempre y cortando así el flujo migrante mas no la
comunicación con sus montañas originarias.
La migración al trabajo agrícola de
la costa del Golfo continuó pero en mucha menor medida hasta la mitad del siglo
XX, ya aparecían en el horizonte del migrante otros muchos puntos de destino. Luego
de otros puntos de llegada dentro del territorio nacional, el de Estados Unidos
se convertiría en el más atractivo y recurrente hasta la actualidad para los
mixtecos.
Durante las primeras tres décadas del siglo XX en la Cuenca
baja del Papaloapan hicieron su aparición una serie de ingenios cañeros que
colocaban su producción en el mercado nacional e internacional, si bien la
economía del azúcar era bastante errática y hubo años de crecimiento y años de
estancamiento, en general fue una producción en ascenso hasta los años 30´s en
que factores como la organización sindical en la región, el reparto agrario y
algunas catástrofes naturales llevaron a una reorganización económica.
Al
mismo tiempo, una serie de factores internos en la Mixteca; donde destaca el
agotamiento de recursos naturales, obligan a sus habitantes a migrar hacia la
costa veracruzana, encaminándose durante estas tres primeras décadas a la Cuenca
baja del Papaloapan para trabajar en los ingenios cañeros, aunque también se
integraban a el trabajo agrícola que requerían otros cultivos de carácter
comercial.
Factores
tanto en la región expulsora como en la región receptora originan un flujo
migratorio que dura aproximadamente 30 años, como una experiencia histórica. Una
experiencia histórica que hemos recuperado de forma cualitativa, posible
reconstruir gracias a la rica documentación de Santiago Martínez Guzmán como
enganchador, a las entrevistas con ancianos de la región y a las investigaciones
que nos preceden.
Así fue posible reconstruir móviles
de expulsión de la Mixteca y móviles de atracción en la Cuenca baja del
Papaloapan, recuperar la forma de enganchamiento de los trabajadores mixtecos,
el trayecto y sus peligros, la estancia y el trabajo durante el tiempo de
zafra, el tramo de regreso y sus peligros implícitos, de manera somera la
historia de los ingenios en esta época, los motivos de la decadencia de los
ingenios y consecuentemente de la migración mixteca. Además de proporcionar a
estos enganchadores y jornaleros agrícolas nombres, apellidos y rostros, de los
que han estado carentes en las investigaciones realizadas sobre los ingenios.
Se hace evidente que, como toda
investigación histórica, más que proporcionar respuestas tajantes a dimensiones
tan ricas como es la migración desde una perspectiva histórica y el trabajo en
los ingenios veracruzanos, se generan una serie de preguntas para la
investigación, tanto para la zona expulsora de migrantes como para la zona
expulsora.
Preguntas
tales como: ¿Cuándo inicia la migración a Veracruz por parte de los mixtecos?,
¿Que poblaciones o microrregiones participan en esta dinámica migratoria?, ¿Qué
impacto tiene éste fenómeno en la sociedad indígena mixteca?, ¿Cómo influyo el
agrarismo veracruzano en el posterior agrarismo de la Mixteca? entre otras preguntas
útiles para investigaciones posteriores.
Así como para la Cuenca baja del
Papaloapan cabe cuestionarse: ¿Contrataban los dueños de los ingenios a los
mixtecos por su mayor posibilidad de explotación?, ¿Ocuparon a los jornaleros mixtecos
como grupo de choque en sus dinámicas contra los peones veracruzanos?, ¿Favorecieron
las elites agroindustriales el establecimiento permanente de los migrantes
mixtecos como mano de obra de reserva?, ¿La dotación de ejidos a colonos
mixtecos fue obra de elites posrevolucionarias que crearon así bases para
control político?, ¿Qué tantos migrante mixtecos se quedaron permanentemente?,
entre otras.
Es así como aún quedan espacios de
investigación por explorar en la búsqueda de respuestas que, como bien sabemos
los historiadores, mientras nos respondemos unas preguntas, generamos otras
tantas, por lo regular muchas más.
ANEXOS [ESTOS NO APARECEN EN LA PUBLICACIÓN DE LIBRO POR ESPACIO]
Listas de cuadrillas para los ingenios de Veracruz
entre 1915 y 1916. Elaboradas a partir de la información de documentos diversos
de Santiago Martínez.
Anexo
1
|
Cuadrilla para el Ingenio Santa Fe.
Mayo de 1915. |
||
|
Núm. |
Nombre |
Anticipo |
|
1 |
Amador Maldonado por
cuenta de él $7 y por su mujer $5 |
$12.00 |
|
2 |
Casiano Mendoza |
$7.00 |
|
3 |
Cristóbal Gómez $7. Su
mujer $5 |
$12.00 |
|
4 |
Amado Vivar $7. Su
mujer $5 |
$12.00 |
|
5 |
Francisco Rodríguez |
$7.00 |
|
6 |
Patricio Ornos |
$7.00 |
|
7 |
Juan Rojas |
$7.00 |
|
8 |
Miguel Vidal |
$7.00 |
|
9 |
Justo Barrios |
$7.00 |
|
10 |
Lorenzo Duran $7. Su
mujer 5 |
$12.00 |
|
11 |
Juan Mendoza |
$7.00 |
|
12 |
Simón Vidal |
$7.00 |
|
13 |
Jesús Duran |
$7.00 |
|
14 |
Patricia Duran |
$7.00 |
|
15 |
Juan García $7. Su
mujer $5 |
$12.00 |
|
16 |
Cándido Alvarado $7. Su
mujer $5 |
$12.00 |
|
17 |
Marcial Reyes |
$7.00 |
|
18 |
Francisca Guerrero |
$0.0 |
|
19 |
Perfecta Rojas |
$0.0 |
|
20 |
Lorenza Castillo |
$0.0 |
|
21 |
María Ramírez |
$0.0 |
|
22 |
Juana Barrera |
$0.0 |
|
23 |
Francisca Zarate |
$0.0 |
|
24 |
(Fran)cisco Larios de
Chazumba |
s/d |
Anexo 2 a
Anexo 2 b
Anexo 2 c
Anexo 3
|
Cuadrillas para el Ingenio Santa
Fe. Julio 1916 |
||
|
Núm. |
Primera Remesa |
Anticipo |
|
1 |
Hilario Ortiz |
$30 |
|
2 |
Leandro Bustamante |
$40 |
|
3 |
Marcelino García |
$45 |
|
4 |
Catarina García |
$10 |
|
5 |
Pilar Vidal |
$08 |
|
6 |
Teófilo Sánchez |
$39 |
|
7 |
Isidoro Galeana |
$30 |
|
8 |
Ricardo Rojas |
$30 |
|
9 |
Francisco Cora |
$30 |
|
10 |
Jesús Morales |
$20 |
|
11 |
María Andrea |
$05 |
|
12 |
Severiano Bustamante |
$50 |
|
Núm. |
Segunda Remesa |
Anticipo |
|
13 |
Policarpio Herrera |
$30 |
|
14 |
Miguel Herrera |
$25 |
|
15 |
Félix Corro |
$25 |
|
16 |
Octaviano Ramírez |
$15 |
|
17 |
Julio A. Pérez |
$53 |
|
18 |
Pablo Pérez |
$52 |
|
19 |
Bernabé Pérez |
$30 |
|
20 |
María Anastasia |
$05 |
|
21 |
Petra Corro |
$05 |
|
22 |
Victorico Buseta |
$30 |
|
Núm. |
Tercera Remesa |
Anticipo |
|
23 |
Julián Méndez |
$18 |
|
24 |
Genaro Méndez |
$18 |
|
25 |
Donato Olivera |
$40 |
|
26 |
Francisco Olivera |
$20 |
|
27 |
Francisco Chávez |
$30 |
|
28 |
Eugenia Jiménez |
$00 |
|
29 |
Fidencio Morales |
$50 |
|
Núm. |
Cuarta Remesa |
Anticipo |
|
30 |
Amado Maldonado |
$23 |
|
31 |
Casiano Mendoza |
$14 |
|
32 |
Cristóbal Gómez |
$19 |
|
33 |
Amado Vivar |
$19 |
|
34 |
Francisco Rodríguez |
$13 |
|
35 |
Patricio Ornos |
$14 |
|
36 |
Juan Rojas |
$12 |
|
37 |
Miguel Vidal |
$22 |
|
38 |
Justo Barrios |
$14 |
|
39 |
Lorenzo Durand |
$21 |
|
40 |
Juan Mendoza |
$12 |
|
41 |
Simón Vidal |
$12 |
|
42 |
Jesús Durand |
$12 |
|
43 |
Patricio Durand |
$12 |
|
44 |
Juan García |
$22 |
|
45 |
Cándido Alvarado |
$22 |
|
46 |
Marcial Reyes |
$12 |
|
47 |
Narciso Larios |
$40 |
|
48 |
Francisca Guerrero |
$3 |
|
49 |
Perfecta Rojas |
$3 |
|
50 |
Lorenza Castilla |
$3 |
|
51 |
María Ramírez |
$3 |
|
52 |
Juana Guerrero |
$3 |
|
53 |
Francisca Zarate |
$3 |
|
Núm. |
Quinta Remesa |
Anticipo |
|
54 |
Florentino Salgado |
$10 |
|
55 |
Rosalino Salgado |
$5 |
|
56 |
Macario Salgado |
$25.25 |
|
57 |
Juan Oraga |
$25.25 |
|
58 |
José Lázaro |
$25.25 |
|
59 |
José Peral |
$25.25 |
|
60 |
Guzmán Lázaro |
$25.25 |
|
61 |
Juan Lázaro |
$5 |
|
62 |
Fernando Lázaro |
$5 |
|
63 |
Emiliano Salgado |
$5 |
|
64 |
Genaro Salgado |
$5 |
|
65 |
Margarita de la Rosa |
$5 |
|
66 |
Cayetana Vivar |
$5 |
|
67 |
Antonia Miranda |
$5 |
|
68 |
Sebastián Hernández |
$19.25 |
|
68 |
Pascual Miranda |
$0.0 |
|
Núm. |
Sexta y última Remesa |
Anticipo |
|
69 |
Sixto Méndez |
$20 |
|
70 |
Bartola García |
$0.0 |
|
71 |
Apolonio García |
$0.0 |
|
A partir de la cuarta remesa
apuntan que se paga peaje en Huajuapan y posada en la misma ciudad,
proviniendo del área de Silacayoapan. |
||
AHJO Archivo Histórico Judicial de Oaxaca, Huajuapan, Civil, Año 1903, Legajo 93.
AMSCH Archivo Municipal de Santiago Chazumba, Presidencia, Cajas: 6, 7 y 19.
Documentos de la Sra. Esperanza Martínez, Tehuacán, Puebla.
Documentos y fotografías del Sr. Arnulfo Hernández. Villa de Santiago Chazumba, Oaxaca.
Documentos y fotografías del Sr. Alfonso Barrios. Villa de Santiago Chazumba, Oaxaca.
ENTREVISTAS
BENÍTEZ, Máximo. Entrevista de 03 de enero de 2005.
CEBALLOS BÁEZ, Carmen. Entrevista de 06 de junio de 2004.
HERNÁNDEZ, Arnulfo. Entrevista de 06 de diciembre de 2004.
BIBLIOGRAFÍA
BESSERER Federico, Moisés Cruz. Historia de un trasmigrante [en línea], México, UAM-Iztapalapa, 1999, disponible en: http://docencia.izt.uam.mx/feder/besserer%201999b.pdf [Consultado el 25 de enero de 2015].
CEBALLOS SOTO, Ricardo, Historia de Santiago Chazumba: 1900-1920, Oaxaca México, PACMyC/CONACULTA-Ayuntamiento Municipal de Santiago Chazumba, 2007.
CEBALLOS SOTO, Ricardo, Tres décadas de historia en Santiago Chazumba. De comunidad indígena a pueblo mestizo, México, PACMyC/CONACULTA, 2014.
GARCÍA DÍAZ, Bernardo, “Trabajadores del tabaco y de la caña en Tlacotalpan (1908-1922)”, en Gema LOZADO Y NATHAL (Coord.,), Con el sello de agua. Ensayos históricos sobre Tlacotalpan, México, IVEC-INAH, 1991, pp. 197-226.
GONZÁLEZ HUERTA, Neftalí, El Tupa. El mito de un ser fantástico en una comunidad mixteca, México, PACMyC-CONACULTA, 2003.
HERNÁNDEZ, Alberto y Mary, O´CONNOR, “Migración, redes trasnacionales y conversión religiosa entre los mixtecos” [en línea], disponible en: Alteridades, vol. 23, núm. 45, enero-junio, 2013, México, pp. 9-23, disponible en:
http://www.redalyc.org/pdf/747/74728322002.pdf [Consultada el 25 de enero de 2015].
HERNÁNDEZ SALAZAR, José Baltazar, Hilario C. Salas. Un Mixteco Chazumbeño en la Revolución Mexicana, México, PACMyC-Ayuntamiento Municipal de Santiago Chazumba, 2004.
RIVERA-SÁNCHEZ, Liliana, “Trasformaciones comunitarias y remesas socioculturales de los migrantes mixtecos poblanos” [en línea], disponible en: Migración y desarrollo, núm. 2, abril 2004, México, pp. 62-81, disponible en:
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=66000206 [Consultado el 25 de enero de 2015].
VARGAS MONTERO, Guadalupe, “Migraciones mixtecas y relaciones regionales a fines del siglo XIX” [en línea], disponible en: La Palabra y el Hombre, núm. 83, julio-septiembre 1992, pp. 47-57, disponible en: http://cdigital.uv.mx/handle/123456789/1566 [Consultado el 25 de enero de 2015].
VARGAS MONTERO, Guadalupe, “Mixtecos en el Papaloapan. Colonización y estructura identitaria”, en Gilberto SILVA-LÓPEZ, Guadalupe VARGAS MONTERO y José VELASCO TORO (Coords.), De padre río y madre mar. Reflejos de la cuenca baja del Papaloapan, Veracruz, Tomo II, México, Editora del Gobierno del Estado de Veracruz-Llave, 1998.
VELASCO TORO, José Manual, Tierra y conflicto social en los pueblos del Papaloapan veracruzano (1521-1917), México, Universidad Veracruzana, 2003.
[1] Agradezco al Dr. Sergio Rosas por la invitación a participar en el proyecto y por sus atinados comentarios para la mejora del trabajo. De igual manera a la Lic. Lucía Santos por su valioso apoyo durante la investigación.
[2] VARGAS MONTERO, “Migraciones mixtecas y relaciones regionales a fines del siglo XIX”, 1992, pp. 47-57. VARGAS MONTERO, “Mixtecos en el Papaloapan. Colonización y estructura identitaria”, 1998, pp. 109-164. BESSERER, Moisés Cruz. Historia de un trasmigrante, 1999. HERNÁNDEZ y O´CONNOR, “Migración, redes trasnacionales y conversión religiosa entre los mixtecos”, 2013, pp. 9-23. RIVERA-SÁNCHEZ, “Trasformaciones comunitarias y remesas socioculturales de los migrantes mixtecos poblanos”, 2004, pp. 62-81.
[3] Agradezco especialmente a la Sra. Esperanza Martínez, a quien conocí posterior a la publicación del primer libro sobre la historia de Chazumba, lo que dio pie a una serie de entrevistas provechosas e interesantes para la historia de la comunidad.
[4] VARGAS MONTERO, “Migraciones mixtecas y relaciones regionales a fines del siglo XIX”, pp. 47-49.
[5] CEBALLOS SOTO, Historia de Santiago Chazumba: 1900-1920, 2007, pp. 125-126.
[6] Información y fotografía tomada de HERNÁNDEZ SALAZAR, Hilario C. Salas. Un Mixteco Chazumbeño en la Revolución Mexicana, 2004, p. 19.
[7] GARCÍA DÍAZ, Un pueblo fabril del porfiriato: Santa Rosa, Veracruz, 1997, p. 166. VARGAS MONTERO, “Mixtecos en el Papaloapan. Colonización y estructura identitaria”, 1998, pp. 120-125.
[8] GONZÁLEZ HUERTA, El Tupa. El mito de un ser fantástico en una comunidad mixteca, 2003, p. 97.
[9] HERNÁNDEZ, Arnulfo. Entrevista de 06 de diciembre de 2004.
[10] CEBALLOS BÁEZ, Carmen. Entrevista de 06 de junio de 2004. GONZÁLEZ HUERTA, El Tupa. El mito.., 2003, p. 99.
[11] JUÁREZ, Balance los programas de asistencia social para cortadores de caña, 1984, pp. 5-8.
[12] Lista de los individuos que formaron la Cuadrilla para el Ingenio “Paraíso Novillero”; Cosamaloapan; Veracruz, Octubre 1915. Copia de la lista de los mosos para el Ingenio Santa Fe.., Mayo 1916. Lista y liquidación que rinde el Sr. Santiago Martínez á los Sres. Villa y Hermanos de Veracruz.., Julio 25 de 1916, Documentos de la Sra. Esperanza Martínez. Véanse anexos.
[13] AHJO, Huajuapan, Civil, Año 1903, Legajo 93.
[14] Cuadro de ingenios y trapiches modificado del original de MARTÍNEZ ALARCÓN, San Cristóbal: Un ingenio.., 1985, p. 9.
[15] Para contrastar las condiciones geográficas y económicas entre la zona expulsora y la zona receptora, así como el panorama general de la cuenca baja del Papaloapan se integraron los aportes de CEBALLOS SOTO, Historia de Santiago Chazumba: 1900-1920, 2007, pp. 70-80. MARTÍNEZ ALARCÓN, San Cristóbal: Un ingenio y sus trabajadores. 1896-1934, 1985, pp. 1-13. VARGAS MONTERO, “Mixtecos en el Papaloapan. Colonización y estructura identitaria”, 1998, pp. 111-119. VERGARA RUIZ, “Continuidad en las reglas establecidas: Fin del porfiriato y maderismo en el Cantón de Cosamaloapan 1911-1913”, 1998, pp. 210-214.
[16] Diario de Santiago Martínez, Apuntes de fechas diversas.
[17] VERGARA RUIZ, “Continuidad en las reglas establecidas: Fin del porfiriato y...,”, 1998, pp. 214-215. MARTÍNEZ ALARCÓN, De la hacienda azucarera al modelo de ingenios centrales.., 2008, pp. 219-221. GARCÍA DÍAZ, “Trabajadores del tabaco y de la caña en Tlacotalpan (1908-1922)”, 1991, pp. 203-205.
[18] GARCÍA DÍAZ, “Trabajadores del tabaco y de..,”, 1991, pp. 208-210. VARGAS MONTERO, “Migraciones mixtecas y relaciones regionales a fines del siglo XIX”, 1992, pp. 53-57.
[19] Diario de Santiago Martínez, nota de 26 de enero de 1921. Oficio de Silviano Toscano a Santiago Martínez en septiembre 10 de 1915. Documentos de Esperanza Martínez.
[20] Véanse Anexos.
[21] Todas las citas textuales se tomaron de un Oficio a Santiago Martínez de los Viya Hermanos, fechado en agosto 28 de 1916. Documentos de Esperanza Martínez.
[22] GONZÁLEZ HUERTA, El Tupa. El mito de.., 2003, p. 99.
[23] Para reconstruir el impacto de la Revolución en el área y su afectación a los ingenios se integraron los aportes de: VELASCO TORO, Tierra y conflicto social en los pueblos del…, 2003, pp. 353-388. VELASCO TORO y SANTOS GARCÍA, “La reforma agraria en el municipio de Cosamaloapan, Veracruz (México), 1915-1945”, 2014, pp. 451-477. VERGARA RUIZ, “Continuidad en las reglas establecidas: Fin del porfiriato y..,”, 1998, pp. 209-252. MARTÍNEZ ALARCÓN, San Cristóbal: Un Ingenio.., 1985, pp. 29-58.
[24] VELASCO TORO y SANTOS GARCÍA, “La reforma agraria en el municipio..,”, 2014, pp. 460-466.
[25] GARCÍA DÍAZ, “Trabajadores del tabaco y de..,”, 1991, pp. 213-220.
[26] DOMÍNGUEZ PÉREZ, “Del sueño regional a la experiencia nacional. La liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz”, 1996, pp. 24-35.
[27] CEBALLOS BÁEZ, Carmen. Entrevista de 06 de junio de 2004.
[28] AMSCH, Presidencia, Oficios varios dentro de las Cajas 6, 7 y 19. CEBALLOS SOTO, Tres décadas de historia en Santiago Chazumba.., 2014, pp. 139-141. BENÍTEZ Máximo, Entrevista de 03 de enero de 2005.
[29] GARCÍA DÍAZ, “Trabajadores del tabaco y de.., ”, 1991, pp. 217-226. MARTÍNEZ ALARCÓN, San Cristóbal: Un ingenio.., 1985, pp. 102-123.
