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La intención de publicar en este sitio es compartir con los interesados en el tema
El sacramento del bautismo entre los caciques de
San Pedro y San Pablo Tequixtepec en la primera mitad del
siglo XVIII
Ricardo Ceballos Soto
Para los caciques mixtecos de la Doctrina dominica de San Pedro y San Pablo Tequixtepec, los sacramentos católicos del bautizo y matrimonio revistieron una importancia central pues a través de ellos su grupo fortalecía su identidad como élite, aseguraban sus derechos reconocidos por el sistema jurídico colonial y mantenían su prestigio y permanencia dentro de familias de caciques con derecho a la institución indígena del cacicazgo.
A principios del
siglo XVIII en dicha Doctrina habitaban las familias de los caciques: Guzmán y
Aguilar del cacicazgo de Chazumba-Joluxtla, los Alvarado del cacicazgo de Acaquizapan,
de los Ángeles de Cosoltepec, los de Santiago de Nochixtlán, los de Santiago de
Coculco-Chinango y los Bautista de Tequixtepec (Imagen 1). Estas familias, junto
con otros grupos familiares poderosos que vivían en la zona, integraban a un
grupo que denominamos como los caciques de la Mixteca Baja.
Su presencia y
mención es recurrente en documentos coloniales y del siglo XIX, por lo que varios
investigadores han prestado atención a estas familias de la nobleza indígena. Estas
investigaciones han girado en torno a las discusiones historiográficas del cacicazgo
colonial como los aportes de Yair Hernández (2014) y John K. Chance (2008, 2009
y 2011). La historia agraria de la región como John Monaghan, Arthur Joyce y Ronald
Spores (2003), así como Margarita Menegus (2009). También la historia regional
a través del estudio de fuentes primarias como los aportes de Enrique Méndez
Martínez y Enrique Méndez Torres (2010), Enrique Méndez Martínez (2016) y Josué
Villavicencio y Celia Salazar (2016). Aunque algunos de ellos han analizado a
las familias de caciques, no se hace desde su dimensión familiar y como grupo
de poder, así también se utilizan muy parcialmente las fuentes sacramentales de
los archivos parroquiales de la región.
Este trabajo los estudia en sus relaciones familiares a través de sus comportamientos sacramentales con la intención de identificarlos y conocerlos en su persona, dentro de su familia y como parte de la nobleza indígena de la Mixteca. Para ello se analizó el sacramento del bautizo y las relaciones de parentesco formadas a través del mismo, así como otras varias implicaciones para la construcción de la institución familiar y su grupo social. Construyendo así una serie de genealogías de las familias mencionadas, reconstruidas minuciosamente y que no podrían estar completas si solo nos quedásemos, como se ha hecho en investigaciones previas, con las fuentes de carácter judicial.
No son las únicas familias de caciques en la Doctrina de estudio, dentro de cualquiera de los cacicazgos mencionados existían diversas familias con el reconocimiento social en su época de caciques. Sin embargo, se han elegido a familias extensas, de preferencia titulares o hegemónicas dentro de un cacicazgo, con clara presencia en la región en el periodo de estudio, así como con alto nivel de certeza de parentesco entre ellos, apostando que sus patrones de comportamiento bautismal corresponden con los de los demás Yya (caciques) y toho (nobles) de la región (Terraciano, 2013, pp. 209-212).
Imagen 1. Mapa de la región de estudio
El
bautizo fue un sacramento muy importante en el mundo católico, promovido y
regulado desde el Concilio de Trento (1545-1563) y ratificado por el Tercer
Concilio Provincial Mexicano de 1585 para la Nueva España (Bravo Rubio, 2018,
p. 156), si bien aquí no entramos en su análisis ni implicaciones teológicas. La
vida social de un miembro de familia de caciques iniciaba entre el primer y el
tercer día de su nacimiento, cuando la urgencia de recibir el primer sacramento
católico se imponía y obligaba a presentarlo a la pila bautismal. Llevado por
sus padres y padrinos; regularmente prestigiosos, una vez terminado el
sacramento, el cura doctrinero levantaba la constancia del hecho en sus
minuciosos libros de Bautismo.
Por el tamaño reducido de la doctrina no fueron
necesarios libros separados y propios para los caciques, y en el mismo registro
quedaban asentados sus partidas junto a otras castas coloniales de la región y
que habían nacido en el mismo día. Eso sí, se anotaba con énfasis el origen
familiar y social del individuo, precisando si padres o padrinos recibían el
trato de Don o Doña, sus apellidos si los portaban y su carácter de Yya (cacique) o Yya dzehe (cacica) (Terraciano, 2013, p. 209).
Hoy, esos registros nos permiten reconstruir la
genealogía y parte de la historia de esas familias. No todos los documentos
llegaron a nosotros, varios están desaparecidos o ilegibles, desordenados y
además dispersos en diversas parroquias. Por ello, para reconstruir estas genealogías
se usaron los documentos coloniales de la región, la historiografía sobre estas
familias y sobre todo los registros sacramentales de las parroquias de la zona,
reunidos por la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días en su archivo digital
accesible en www.familysearch.org respetando su catalogación interna.
Todas las genealogías son de elaboración personal. En
la parte superior aparece la pareja fundadora de la familia, se desciende a
través de flechas a los siguientes niveles generacionales. En cada capsula de
información se colocó el nombre del bautizado, fechas de nacimiento y defunción
entre paréntesis; en caso de no haber localizado alguna de ellas se anotan
signos de interrogación. Aparece el nombre del padrino, madrina o bien de la
pareja de padrinos. Para precisar que la relación no es de padrinazgo sino de
matrimonio se ocupa el símbolo = al
que se le anota el año de matrimonio subrayado en caso de haberlo obtenido. Por
último, las capsulas de información donde aparece: exp, indica que fue
un niño expuesto en la casa de esa pareja.
Este trabajo ha llevado varios años de revisión
minuciosa de los libros de bautismo y matrimonio de las parroquias de San Pedro
y San Pablo Tequixtepec y Santiago Chazumba, así como de otras parroquias de la
región, todas pertenecientes al Obispado de Puebla en el siglo XVIII. Los
archivos parroquiales son, sin lugar a duda, maravillosos repositorios
documentales útiles para la reconstrucción de la historia demográfica,
genealógica y de las mentalidades de la sociedad colonial (Garzón Balbuena,
2021, p. 4) y en este caso para la historia de los caciques y sus cacicazgos.
1.-
La familia de caciques de Chazumba y Joluxtla.
Don Antonio de Guzmán y Aguilar y Doña Juana de la
Encarnación de Santiago y Mendoza en el año de 1700 formaban una muy
prestigiosa pareja de caciques en el norte de la Doctrina. Si bien doña Juana
peleaba la titularidad del cacicazgo de Chazumba, don Antonio era reconocido
como Yya de Joluxtla (Año 1696,
Tierras, Vol. 163, exp. 4, fxs. 172, AGN, México) y juntos en pareja habían
estructurado un yuhuitayu; unidad de dos
cacicazgos bajo la administración de esta pareja noble, institución donde
además de conjuntaba gobierno, territorio y linaje (Hernández, 2014, pp.
54-62).
Esta genealogía
nos permite observar la presencia de numerosos hijos dentro de la familia, que
nos advierte que solo ocupar documentos jurídicos nos brinda una visión
limitada del número de integrantes de las familias de caciques, así también permite
revisar la situación de la muerte de integrantes de la familia para convertirse
en un potencial titular heredero de un cacicazgo.
La historiografía
sobre este cacicazgo y los documentos coloniales siempre recuperan y
privilegian a los hermanos Miguel y Felipe de Guzmán y Aguilar como los hijos
herederos de esta pareja fundadora. El primero será titular del cacicazgo de su
padre: Joluxtla y el segundo del de su madre: Chazumba (Año 1738, Tierra, Vol.
779, exp. 1, AGN, México / Año 1718, Indios, Vol. 43, exp. 51, AGN, México), esto
conlleva a la apreciación errónea que estos fueron los únicos hijos de esta
pareja. Gracias a la consulta y análisis de documentos de carácter sacramental se
modifica esta visión y es posible observar que esta pareja tuvo 8 hijos
registrados parroquialmente y es posible pensar que quizá existieron otros de
los cuales hoy no tenemos mayor evidencia (Imagen 2).
En tanto que en Acaquizapan, la pareja fundadora de Don Jorge de Alvarado y Doña Antonia Beatriz tuvieron 12 hijos, de los que las fuentes mencionan particularmente a tres (Hernández, 2014, p. 118) y por eso se anotan a los mismos en su genealogía. En los siguientes niveles de las mismas familias, el número de descendientes es notable también. Dentro de las interpretaciones historiográficas del cacicazgo de Tequixtepec recurrentemente se atiende a don Juan Bautista Cortés como individuo, pasando por alto que tenía otros cuatro hermanos y aunque en su caso era probablemente infértil, otros miembros de su familia tuvieron numerosa descendencia.
Imagen 2. Genealogía de los caciques Guzmán y Aguilar de Chazumba y Joluxtla
Así, esta característica
de la familia numerosa propia de la demografía antigua, nos explicaría porque aparecen
tantos individuos en la Doctrina con la categoría de caciques y con apellidos, si
bien no es posible en todos los casos entroncarlos con los linajes aquí
presentados. No todas las parejas de caciques fueron igual de fértiles, por
ejemplo, entre los caciques de Chazumba don José de Guzmán y Aguilar y su
esposa doña Brígida de Mendoza apenas y tienen a dos hijas. Don Juan Bautista y
Cortés apenas una en los últimos años de su vida y probablemente no fuera su
hija, así tenemos otros notorios ejemplos.
Ahora revisemos la
importancia que revistió la muerte de un titular o principal heredero del
cacicazgo para que otros miembros de la familia se convirtieran en potenciales
herederos de la titularidad del mismo. En el conflicto legal entre los primos
doña Juana de Santiago y don Diego de Mendoza salen a relucir diversos aspectos
en la transmisión y herencia de un cacicazgo. Doña Juana terminará siendo
ganadora, pues se había convertido en heredera con derecho al cacicazgo gracias
a la muerte de su hermano Fernando, por supuesto junto con el hecho de ser hija
de la antigua cacica titular doña Lorenza de Mendoza de la Cruz, criada en su
casa y reconocida como hija legitima, y todo esto lo testificaron 20 individuos
entre españoles, mestizos e indios (Año 1696, Tierra, Vol. 163, exp. 4, fxs
172, AGN, México).
Así era como la
muerte de un integrante con derecho al cacicazgo, ponía en posibilidad a otro,
originalmente con menor posibilidad, aunque con suficiente legitimidad cultural
e institucional: ser hijo reconocido de padres caciques para recibir en
herencia la titularidad de un cacicazgo. En la misma familia en la siguiente generación
ocurre algo semejante, Miguel y Felipe no fueron los hijos mayores, antes que
ellos habían nacido: Lorenzo, Fernando y Domingo.
No se localizaron las
fechas de defunción de Fernando y Domingo, pero el único caso de registro de
defunción nos indica que Lorenzo de Guzmán y Aguilar, hijo mayor de la pareja
fundadora, falleció a los 39 años (Año 1716, Defunciones 1672-1720, 1755-1776, Imagen: 43, San Pedro y
San Pablo Tequixtepec, www.familysearch.org). En diversos registros de
bautizos aparece acompañando primero a sus padres, y en sus últimos años solo,
apadrinando a niños dentro del cacicazgo. De tal modo apunto que, posiblemente
durante toda su vida se le fue preparando para heredarle alguno de los
cacicazgos de sus padres, más la muerte le coarto esa posibilidad y abrió el
camino para Miguel y Felipe. En la misma familia, a finales del siglo, don
Manuel Ramón Bautista era el titular del cacicazgo, mas no teniendo hijos
legítimos con doña Gertrudis Tenorio, a su fallecimiento en 1800 el cacicazgo
pasa a manos de su hermano José Ramón Bautista (Año 1800, Defunciones 1755-1850, Imagen: 261,
Santiago Chazumba, www.familysearch.org).
En el vecino
cacicazgo de Acaquizapan, la familia de caciques nos muestra que la trasmisión
y herencia del cacicazgo no obedecía necesariamente a la primogenitura, en
realidad era bastante libre, se dio circunstancial y no se prefirió varón sobre
mujer, así también fue trasversal entre hermanos. La pareja fundadora heredó a
su hija María de Alvarado y no a su hijo mayor. Luego, correspondía por
primogenitura heredar a Ambrosio Enríquez, más por su matrimonio con una cacica
foránea cede voluntariamente el cacicazgo a su madre. Esta lo trasfiere a
Silvestre Enríquez, uno de sus hijos menores y favorito por sobre otro hermano
mayor. Silvestre fue un hombre débil y poco habilidoso en el manejo del
cacicazgo y muere sin heredero. Entonces el cacicazgo lo hereda su hermano
mayor; Jorge Enríquez de Alvarado, quien también muere sin heredero y el
cacicazgo recae en su sobrina doña María Leandra de Torres (Hernández, 2014, pp.
113-128). Así vemos como diversas condiciones se podían presentar en la
sucesión de un cacicazgo y no correspondió a un modelo único.
El caso más
notorio de herencia fortuita ocurrió en el cacicazgo de Tequixtepec. A la
muerte del cacique Juan Bautista Cortés en 1772, hereda su hija Eduviges, menor
de edad que muere a temprana edad. Luego, pese a presentarse como aspirantes al
cacicazgo un tío paterno y su suegro por parte de su última esposa, la sucesión
finalmente recae en su sobrina nieta Rita Villagómez, nieta de su hermana
Josefa Bautista (Chance, 2011, p. 509-510), sin duda un golpe de fortuna
inesperado para esta cacica.
Así,
la muerte es un elemento clave para que otro miembro de la familia de caciques
tenga la oportunidad de convertirse en el titular del cacicazgo de la familia,
pero se necesita además una condición tanto más necesaria: la pertenencia
legitima y comprobable a la familia de caciques titulares del cacicazgo. Y es
aquí que juega un papel central el registro bautismal del individuo, asentando
a sus padres y padrinos, asentando su origen familiar y pertenencia al grupo de
caciques. ¿Hasta dónde se puede mantener el prestigio por pertenencia a una
familia de caciques y por ende el derecho al cacicazgo?, el siguiente caso nos
permite responder a esa pregunta.
2.- La familia de caciques de Acaquizapan
Contiguo al cacicazgo de Chazumba, hacia el sur estaba
uno de los yuhuitayus más extensos de
la Doctrina; el cacicazgo de Acaquizapan. La pareja fundadora fueron Don Jorge
de Alvarado y Doña Antonia Beatriz quienes tuvieron 12 hijos, de los que las
fuentes mencionan particularmente a tres. Dos dieron origen a extensas familias
de caciques y principales en la Doctrina y es posible rastrearlos a través del
registro del bautismo, aun cuando no descartamos que otras ramas coexistan y
que sean la causa de aparición de individuos que llevaban ese apellido en la
Doctrina. Esta familia nos permite analizar hasta que integrantes puede
extenderse el prestigio y la pertenencia al grupo de caciques, así como la
importancia del bautismo entre otros mecanismos de reconocimiento al grupo
familiar de caciques.
La primera familia,
que denominamos rama 1, es la fundada por don Juan de la Cruz Alvarado quien se
unió en primer matrimonio con una india terrazguera de Nochixtlán y en un
segundo matrimonio con Agustina de Velasco, hija de padres no conocidos. Si
bien mayor que su hermana María, sus características personales no las vieron
conveniente sus padres para heredarle el cacicazgo, aunque se le dotó de una
milpa para su manutención (Hernández, 2014, p. 118). No descartamos que sus dos
matrimonios con mujeres poco prestigiosas fueran una de las razones para no
convertirse en sucesor del cacicazgo de sus padres y en un riesgo para mantener
a sus descendientes dentro de la familia de caciques.
De sus tres hijos localizados, la primera fue apadrinada por un rico mandón de Cosoltepec y aunque no encontramos los demás bautismos, no se descarta que hubieran sido personas de importancia social. Ahora bien, los matrimonios de esta generación fueron con personas principales, si bien no con caciques principales. Apuntamos con estos casos, que el bautismo y matrimonio son dos estrategias de pertenencia e integración al grupo social de caciques y garantes de prestigio social. Don Jorge de Alvarado de la rama 1 de caciques de Acaquizapan si se aseguró que 7 de sus 8 hijos tuvieran padrinos prestigiosos. En esa rama, de 10 bautizos al menos 9 corresponden claramente a padrinos prestigiosos, 8 de ellos caciques y dos fueron entre la misma familia de Alvarado (Imagen 3). En la rama 2, la fundada por María de Alvarado y Blas Enríquez, identificamos en ese periodo 23 bautizos, 21 fueron apadrinados por personas de prestigio social y cultural, en 16 ocasiones caciques y en 4 ocasiones miembros de la misma familia.
Imagen 3. Genealogía de los caciques de Alvarado de Acaquizapan, Rama 1
Entre los caciques de Chazumba, en este periodo tenemos 25 bautizos y en las 25 ocasiones los padrinos tienen elementos que denotan prestigio, el don o doña, títulos nobiliarios, apellidos notables, algunos de ellos españoles. Si bien algunos padrinos pueden ser repetitivos, aquí me importa analizar en cuantas ocasiones se apadrinaron entre integrantes de la familia: en 6 ocasiones el padrino era miembro de la familia. Pues hubo ocasiones en que los abuelos apadrinaban a sus nietos, con lo que aunado al parentesco genético se agregaba el parentesco espiritual: Don Lorenzo de Guzmán, primogénito de la familia de caciques de Chazumba, fue apadrinado por sus abuelos maternos don Martín de Santiago y doña Lorenza de la Cruz. Mientras que Felipe de Guzmán y su esposa apadrinaron a su sobrino Salvador de Guzmán, hijo de don Miguel de Guzmán. En la misma familia doña Rafaela de Guzmán es madrina de su sobrina Gertrudis Francisca, hija de su hermano José, y este a su vez, por la misma época, es padrino de Mariano Antonio, décimo hijo de doña Rafaela.
Entre los caciques
de Chinango-Coculco don Miguel de Santiago y doña Pascuala Rivera apadrinan a
su nieto Manuel, hijo de Pedro de Santiago. Así que, estos bautizos dentro de
la familia les permiten mantenerse unidos y reconocidos entre sí. Quien sería
uno de los casos más notorios de grupo familiar que ocupará el bautizo para
asegurar padrinos de la elite regional fue don Jacinto de los Ángeles y doña
Magdalena Hernández, en 19 bautizos todos los padrinos fueron vecinos
principales y caciques, así como algunos españoles. Su obsesión por el
prestigio en su descendencia radica en el origen oscuro de su linaje, discusión
a desarrollarse más adelante.
Ahora bien ¿hasta
dónde podía mantenerse el prestigio y la pertenencia a una familia de caciques?
En las ramas titulares de cacicazgo, su parentesco cercano al cacique titular y
otras estrategias, como el matrimonio con otros integrantes de la elite
regional, aseguraba que se mantuvieran reconocidos dentro de la familia y del
grupo por varias generaciones. Más en las ramas familiares no titulares de
cacicazgo, como es el caso de la fundada por don Juan de la Cruz Alvarado y
doña Agustina de Velasco, su prestigio era precario y estaba en riesgo que
generación tras generación se fuera diluyendo. Los integrantes de esta familia
usaban estratégicamente su ascendencia hasta la pareja fundadora donde el
abuelo era reconocido cacique, no así su abuela, junto con sus bautismos y matrimonios
relativamente prestigiosos para mantenerse dentro del grupo de caciques hasta
una tercera generación.
En el matrimonio
formado por María de Alvarado y Blas Enríquez de Zúñiga, ya fuera por las
habilidades propias de doña María o bien por el prestigio de su pareja, recayó
el cacicazgo de Acaquizapan. Tuvieron una vasta descendencia y de 8 hijos, 4
tuvieron a su vez numerosa descendencia (Imagen 4).
Imagen 4. Genealogía de los caciques de Alvarado de Acaquizapan, Rama 2: titulares del cacicazgo
Al momento de un conflicto por reintegrar al cacicazgo central las tierras cedidas de Maninaltepec-Tepalcatepec a don Jorge de Alvarado de la rama 1, el titular del cacicazgo de la rama 2: Jorge Enríquez de Alvarado, trató de desacreditar la legitimidad y parentesco con don Juan de Alvarado, su tío, y por ende de su hijo Jorge de Alvarado de la rama 1 (Hernández, 2014, pp. 122-123). Más las fuentes nos indican que algunos padrinazgos entre ambas ramas les permitían seguir reconociéndose como parientes, la familia estaba además distribuida entre la cabecera del cacicazgo: Acaquizapan y la cabecera de política y religiosa de Tequixtepec, así que su convivencia y reconocimiento eran constantes.
En suma, entre las
enormes familias de caciques puede haber conflicto entre ramas, básicamente por
la titularidad del cacicazgo o la administración de este. Aun así, mantienen
una unidad interna, una solidaridad familiar soportada, entre otras estrategias,
en el padrinazgo entre miembros de la familia. Esto les permitirá a algunos
miembros extender su permanencia en el grupo por algunas generaciones.
Ser cacique y
pertenecer a un linaje de caciques era muy importante para muchos individuos de
nuestra Doctrina de estudios, pues les otorgaba posibilidades de acceder a la
administración y gobierno dentro de un cacicazgo y sus recursos. Al nivel tal
que puede existir una manipulación tendenciosa de fuentes, como los registros
sacramentales, para presentarse como caciques, como veremos en el siguiente
caso.
3.- La familia de caciques de Santa Gertrudis Cosoltepec
Este linaje se presta a una de las disertaciones más
interesantes, la cultura política de los caciques en la Doctrina y la
posibilidad de que los principales se convirtieran en Yya y ser tenidos por tal, así como la posibilidad de manipular
intencionalmente documentos de carácter parroquial para asegurar la pertenencia
al grupo social.
Jacinto de los Ángeles, hombre de origen poco
prestigioso pero inteligente y conocedor de la cultura política regional, se
había casado con Doña Magdalena Hernández de Esquivel en 1682, hija de Don José
Hernández y Doña María Esquivel, principales de Chazumba (Año 1687, Matrimonios
de castas 1676-1694, 1792-1801, imagen 52, San Pedro y San Pablo Tequixtepec,
www.familysearch.org). En 1687 don José Hernández fue registrado como cacique
de Chazumba.
En el registro de
matrimonio, los padres de Jacinto aparecen con el Don y Doña, sin embargo, por
los trazos caligráficos y el espacio entre palabras parece fueron agregados
posteriormente, en una posible manipulación de un documento eclesiástico para
fortalecer argumentos de principalidad (Imagen 5). Jacinto de los Ángeles no
aparece con el Don en ningún momento, como si el espacio no se lo hubiera
permitido, y aunque Méndez Martínez (2016, p. 332) apunta a los padres de
Jacinto, Gabriel de los Ángeles y Teresa de la Cruz como caciques, considero
que no eran tal. Los argumentos que presentaron sus opositores años después de
su falta de principalidad y origen poco prestigioso, aunado a esta manipulación
de documentos nos indican un origen terrazguero, si acaso de un principal muy
menor.
Imagen 5. Matrimonio de Jacinto de los Ángeles y
Magdalena Hernández.
En círculos los trazos caligráficos agregados a
posteriori
Su solo matrimonio le asegurara un lugar entre los principales de la Doctrina, aunado a su servicio a la iglesia como músico bajonero, su dominio del castellano y el saber leer y escribir que lo posicionaban como actor clave en la región a principios del siglo XVIII (Hernández, 2014, p. 135). Junto con su esposa aparecen como Don y Doña apadrinando a diversos niños de la Doctrina, particularmente del norte de la misma, aunque sus compadres no parecen ser particularmente del grupo de élite de la región son numerosos.
Lo que sí, aseguró
a buenos padrinos para sus 5 hijas localizadas. La primera por Don Juan
Bautista y Doña Micaela Ortiz pareja fundadora de los prestigiosos caciques
Bautista, las siguientes 3 por Gaspar Salvador y Agustina (Inés) María, una más
por Nicolás de Herrera y Ana Sánchez (Imagen 6). Si este Gaspar Salvador
corresponde al mismo que mencionan otras fuentes, hablamos de un indio rico,
cabecilla y mandón del barrio de Santa Gertrudis Cosoltepec, al que los indios
reconocían como líder. De esta cercanía, Jacinto obtendrá más adelante un
sustancioso beneficio.
Imagen 6. Genealogía de los caciques de los Ángeles de Cosoltepec
¿Por qué la obsesión por pertenecer a una familia de cacique? bien, porque Gaspar Salvador se asoció y colocó a Jacinto como apoderado del pueblo, y una vez muerto Gaspar Salvador, Jacinto de los Ángeles aprovechó para querer convertir las tierras de ese pueblo en un cacicazgo propio.
Esta gestión ante
la Real Audiencia comenzó en 1707 y se ejecutó en febrero de 1718 cuando le
dieron posesión de las tierras. El alcalde mayor de Huajuapan, don Francisco
Benítez de Maldonado, registró que llegó a la casa tecpa de don Jacinto en Santa Gertrudis Cosoltepec, y durante el
recorrido de linderos anota la contradicción que hará don Blas Enríquez cacique
de Acaquizapan a su toma de posesión, pues afirmará que dicho barrio pertenecía
al patrimonio del cacicazgo de su familia, así como la protesta del cacique de
Joluxtla don Miguel de Guzmán y Aguilar con quien se acuerda fijar claramente
los límites (Año 1744, Tierras, Vol. 837, exp. 1, AGN, México).
Ahora bien, en ese
momento los indios de Cosoltepec no parecen presentar oposición alguna a la
formación de este cacicazgo, antes bien, años después afirmaban que las
diligencias por las tierras las pagaron del dinero del pueblo, que además le dieron
a don Jacinto una pareja de indios para que le rasparan magueyes, y que le
prestaron dinero para casar a su hija Paula. Incluso en el recorrido y entrega
de cacicazgo se habla que ante las autoridades del pueblo se ejecutó la acción.
Cabe preguntarse ¿por qué no aparecen protestando en esos momentos?, ¿Acaso la
fundación de un cacicazgo fue originalmente una estrategia para la separación
del cacicazgo de Acaquizapan y la formación de República?.
Fue luego que Santa
Gertrudis Cosoltepec obtiene su separación de Tequixtepec en 1743 (Año 1743,
Indios, Vol. 55, exp. 181, AGN, México) que sus autoridades locales elevan la
queja que las tierras de ese pueblo se las quería adjudicar el cacique don Juan
de Mendoza, yerno de Jacinto de los Ángeles, y que ellos no reconocían a ningún
cacique. Menos a de los Ángeles, compadre del rico mandón Gaspar Salvador, pero
indio pobre y tributario de Tequixtepec que abusando de la confianza del pueblo
se había erigido en cacique sin serlo.
Si el origen de
ese linaje era oscuro y manipulado intencionalmente por el fundador, su hija Doña
Paula de los Ángeles Hernández asegura su preminencia con su matrimonio en 1711
con Don Juan de Mendoza, hijo de Don Juan de Mendoza y Doña Josefa Bautista,
caciques y principales de la cabecera de Tequixtepec. Sus hijos y nietos
tendrán prestigiosos padrinos entre los caciques y la elite de la región. Mostrando
este ejemplo como un tributario habilidoso y falto de escrúpulos ascendió a
principal y cacique, gracias a sus argucias legales y a la cultura política
regional del cacicazgo como institución, al punto de construir un cacicazgo
nuevo.
Un
linaje nuevo que se articulaba a familias de tradición ancestral cuyos
apellidos muchas veces eran compartidos y comunes en la región, tales como
Mendoza, Bautista, Villagómez y de Santiago entre otros. Dos familias de
análisis comparten el apellido de Santiago, la familia de caciques de Nochixtlán
y la de Coculco-Chinango, lo que complica la identificación de los individuos,
pues además en ambas ramas familiares se usaron homónimos, un problema
recurrente en esta Doctrina donde muchas veces los caciques aparecen
registrados de manera diferente en los documentos (Méndez Martínez, 2016, p. 31).
4.-
Las familias de caciques de Chinango-Coculco y de Nochixtlán
Las dos familias de caciques titulares en la zona que ostentaban
el apellido de Santiago no eran las únicas de la región que lo portaban. Esta
situación junto con los nombres repetidos entre integrantes de ambas familias
conlleva a terribles confusiones para determinar quién es quién en las fuentes
regionales, de ahí la importancia de los documentos de carácter sacramental
pues permite dilucidar adecuadamente la identidad de los caciques de la región.
Don Miguel
de Santiago de Maldonado y Doña Pascuala Rivera fueron caciques titulares de
Chinango-Coculco-Nopaltitlan, mientras que don Miguel tuvo otros 4 hermanos, de
los cuales no fue posible reconstruir sus genealogías, más nos muestra como
muchos de Santiago en la región podrían tener un parentesco con esta pareja de
caciques. Mientras que en los titulares del cacicazgo de Nochixtlán don
Bernardo de Santiago estaba casado con doña Pascuala María de Velasco. Así
tanto en mujeres como hombres tendremos homónimos, generando una confusión
mayor para el investigador.
Entre los caciques
de Coculco-Chinango, en los hijos de don Miguel de Santiago aparece el nombre
de Bernardo, como ocurre en la familia de caciques de Nochixtlán donde dos
individuos llevan ese nombre. En los nietos de Miguel de Santiago aparecerán un
Miguel, un Jacinto y un Agustín en la misma familia nuclear, al igual que en la
otra familia de Nochixtlán (Imagen 7). Hasta aquí tenemos los homónimos
detectados, donde para identificar adecuadamente a los individuos es necesario
ocupar tanto registros sacramentales como otro tipo de fuentes coloniales de la
región.
Imagen 7. Genealogía de la familia de Santiago de Coculco-Chinango y de Santiago de Nochixtlán
Sin embargo, el uso libre de apellidos y los homónimos entre familias no era un problema para los caciques, y si para los investigadores que afanosamente que buscan identificarlos y comprenderlos. El problema más grave que enfrentaban era la falta de descendencia legitima para la sucesión del cacicazgo. En los casos de Nochixtlán y Tequixtepec podemos analizar que ocurría cuando el titular del cacicazgo no tenía descendencia legitima a quien heredar. Aunque en Acaquizapan vimos que la herencia y trasmisión del cacicazgo respondía a varios factores, en estos casos podemos observar que para algunas familias la falta de heredero si representaba problemas graves.
Don Miguel de
Santiago junto con su esposa doña María de las Nieves parecen haber sido una
pareja estéril. Formaron familia gracias al sacramento del bautismo pues fueron
padrinos a nivel regional de muchos niños, además que presentaron a la pila
bautismal a dos niñas expuestas en su puerta y con ello las integraban a su núcleo
familiar, mas estas no eran sujetas a herencia de cacicazgo.
Cuando murió don Miguel aproximadamente hacia 1770, afirmaban los indios
de Nochixtlán que les había donado los terrenos del cacicazgo a falta de
herederos. Con la condición de que sí encontraban a sus hermanos Jacinto y
Agustín de Santiago, estos tomarían la herencia. Los del pueblo localizaron a
don Jacinto en el pueblo de San Gabriel Casa Blanca, jurisdicción de Teotitlán
del Camino, pero, aunque este regresó y tomo posesión del cacicazgo, murió en
poco menos de un año. Dicho cacique al hacer testamento les hizo donación de
las tierras y a dicha donación no se opuso la viuda, quien disfrutó del
usufructúo junto con los del pueblo mientras vivió (Año: 1818-1819, Huajuapan, Civil, 1818-1819, Leg. 04, AHJO, Oaxaca). Así, en este caso a
falta de un heredero del cacique titular se complicaba la sucesión de tal modo
que las tierras pasaron a manos de los terrazgueros. En tanto que la muerte del
titular del cacicazgo de Tequixtepec, las tierras pasan a manos de otro linaje
familiar, el de los Villagómez.
La infertilidad presente en algunos miembros de estas familias
representaba un problema para la formación de familia nuclear y sus relaciones
socioemocionales tan importantes para algunas personas. Dicha situación era más
grave cuando la pareja infértil eran los titulares del cacicazgo, quienes afanosamente
buscaban tener descendencia legitima, o bien integraban a sus casas a los niños
expuestos en sus puertas, pues a través del sacramento del bautismo formaban un
parentesco espiritual que, aunque no sujeto a la trasmisión y herencia de un
cacicazgo, satisfacía sus anhelos de formar una familia propia. Como podemos
analizar en el último caso, el de la familia Bautista de Tequixtepec.
5.-
La familia de caciques de Tequixtepec.
Durante la primera mitad del siglo XVIII en San Pedro
y San Pablo Tequixtepec estaban asentadas y residiendo diversas familias de
caciques, cuyos miembros oscilaban entre sus cacicazgos y esta población
cabecera, que a decir de Méndez Martínez (2016, p. 330) concentraba
notoriamente a gran número de caciques junto con Acatlán. Esto no es casual,
doble sede del poder eclesiástico y del poder civil en la época colonial fue
tanto cabecera de Doctrina como Cabecera de la Republica de Indios.
De
entre todos los apellidos de caciques resonaba el Bautista que ostentaba el
titular de ese cacicazgo y su amplia red familiar que procedía desde la pareja
fundadora de don Juan Bautista y Velasco y doña Micaela Ortiz de Tapia, caciques
de Cuyotepeji, y distribuida en toda la región. El cacicazgo de Tequixtepec, a
principios del siglo XVII estaba en manos de doña Josefa Juana de Cortés y
Guzmán, quien estaba casada con Felipe Bautista y Velasco, hijo de la pareja
fundadora mencionada (Imagen 8).
Su hijo, don Juan
Bautista y Cortes, fue el titular del cacicazgo durante gran parte del siglo
XVIII y su muerte en 1772 conllevará a un problema sucesorio de resonancia
regional, pues diversos aspirantes se presentarán como herederos de tan valioso
y simbólico cacicazgo. En este caso, y gracias a los registros bautismales es
posible observar que él, así como su hermano Pedro, probablemente fueron
infértiles. La falta de descendencia lo lleva a buscar un heredero por lo que tuvo
tres matrimonios, aunque del último nació una niña: Eduviges Cortés de Velasco,
considero incluso poco probable que fuera de él, y aunque a la muerte de don
Juan heredó la titularidad, murió a los seis años, en 1779 (Chance, 2011, pp.
509 y 510).
Entonces su primo
Jorge, cacique de Chazumba, su suegro por parte de su última esposa y don
Gregorio Villagómez, marido de su sobrina nieta Rita Villagómez, se presentaron
ante la Real Audiencia como sujetos a recibir esa herencia del cacicazgo.
Finalmente, el cacicazgo cambio de linaje y familia pasando a ser uno más de
los muchos cacicazgos que poseían los Villagómez de la Mixteca Baja al declarar
el fallo favorable para doña Rita Villagómez (Chance, 2011, p. 510).
Así, vemos que la falta de descendencia legitima es un problema grave para la sucesión y trasmisión de un cacicazgo, además, en el ideal de una familia numerosa y de relaciones socioemocionales y afectos paternales se padecía con angustia esta situación. Es un fenómeno recurrente dentro de los registros sacramentales el de niños expuestos a unas horas o días de nacidos a las puertas de las casas de los caciques.
Imagen 8. Genealogía de los caciques Bautista de San Pedro y San Pablo Tequixtepec
Méndez Martínez apunta que eran hijos ilícitos de las jovencitas del cacicazgo (2016, p. 31). Podemos incluso preguntarnos cuántos de estos niños eran hijos ilícitos de algún miembro de la familia de caciques que de esta forma aseguraba su integración a la familia mediante el bautismo, pertenencia que no podía obtener por el matrimonio de sus padres. Regularmente era la pareja de caciques dueños de la casa quienes llevaban a bautizar a la criatura y se convertían así en padrinos y padres espirituales. El fenómeno está presente en todas las familias revisadas y en algunos casos, como en las parejas de Pedro Bautista y Ana Gonzales de Tequixtepec, Miguel de Santiago y María de las Nieves de Nochixtlán, así como entre la de Manuel Bautista y Gertrudis Tenorio de Chazumba, esta fue la única manera en que estructuraron una familia nuclear propia.
Conclusiones
Concluimos que el
sacramento del bautismo revistió una notoria importancia entre los caciques de
la Doctrina de San Pedro y San Pablo Tequixtepec. A través de esa ceremonia
ritual y su registro escrito documental los caciques de la región podían ser,
reconocer, pertenecer y permanecer dentro del grupo de caciques y de una
familia reconocida y prestigiosa.
Ser y reconocer porque en esa ocasión se precisaba el
linaje de sus padres y sus padrinos, asignándole una categoría social que sería
movilizada estratégicamente durante toda su vida. En muchas ocasiones, ante la
posibilidad de heredar un cacicazgo, esta condición de Ser tenidos y
reconocidos como caciques era central para triunfar en un pleito jurídico.
Pertenecer, pues a través del bautismo los caciques se
volvían compadres entre sí, reforzando sus lazos de identidad como grupo
social. Los padrinos más recurrentes fueron evidentemente los titulares del
cacicazgo, aunque dependía más del carisma de la pareja de caciques, y mientras
el padrinazgo ocurría entre los Yya
era evidente una relación de igualdad y de reconocimiento mutuo, cuando era
entre caciques y terrazgueros indios o de otras castas la relación era
asimétrica, estableciéndose redes clientelares.
Permanecer, pues en la conformación de las familias el bautizo entre
integrantes de la familia va extendiendo generacionalmente su reconocimiento de
caciques. Más de un descendiente de algún reconocido cacique procuraba mediante
el bautizo y el matrimonio permanecer dentro del grupo de la elite indígena hasta
la tercera o cuarta generación.
Ser reconocido como cacique, tenido como tal por la
sociedad regional, pertenecer a un linaje prestigioso y permanecer dentro de
estas familias brindaban una serie de recursos estratégicos y capital cultural
que se movilizaba en distintos contextos, y que les servían para acceder a las
mejores tierras, tener cargos prestigiosos y estratégicos, y por supuesto, el
mayor golpe de fortuna en su sociedad que consistía en heredar un Cacicazgo.
Todo esto es posible conocerlo y comprenderlo gracias al uso de registros
sacramentales, particularmente del bautismo, que junto con otras fuentes ya
trabajadas clarifican la vida individual y familiar de los caciques en la
Mixteca Baja.
Fuentes y Referencias
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Archivos
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México
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Año 1738, Tierra, Vol. 779, exp. 1, AGN, México
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Año 1744, Tierras, Vol. 837, exp. 1, AGN, México
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Año 1718, Indios, Vol. 43, exp. 51, AGN, México
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Año: 1818-1819, Huajuapan, Civil,
1818-1819, Leg. 04, AHJO, Oaxaca.
Archivo Digital
A razón de
brevedad se omiten diversos libros consultados en: www.familysearch.org, México,
Oaxaca, registros
parroquiales y diocesanos, 1559-1988.
San Pedro y San Pablo
Tequixtepec
-
Bautismos de indios 1691-1735
-
Bautismos de indios 1712-1754, 1780-1787
-
Bautismos de indios 1755-1780
-
Matrimonios de castas 1676-1694, 1792-1801
-
Defunciones 1672-1720, 1755-1776.
Santiago Chazumba
-
Bautismos 1732-1757
-
Bautismos 1757-1804
-
Defunciones 1755-1850

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