viernes, 23 de enero de 2026

El Tupa entre los Ñuu Davi de la Mixteca Baja

Esta investigación esta publicada en: 



http://www.libreriacolmich.com/indice/ficha.asp?id=1090

Como autor, publico aquí con el objetivo de compartir con los interesados.


El Tupa entre los ñuu davi de la Mixteca Baja

Mtro. Ricardo Ceballos Soto

Nakui´noini Carmen Ceballos[1]

 Resumen:

Entre los ñuu davi de la Mixteca Baja, región cultural compartida por Guerrero, Oaxaca y Puebla, la presencia del tupa o señor del cerro es recurrente. La geografía rural que habitan también está poblada por seres sobrenaturales donde el tupa no es al único que reconocen, pero si al que mejor comprenden y con el cual tienen una relación sociocultural para mantenerlo favorable a sus necesidades campesinas. Dueño del lugar, habita las cimas de los cerros, cuevas, llanos y otros accidentes geográficos. La mayoría de las narraciones de lo sobrenatural en la región tiene relación con un tupa y sus deseos particulares, desde mitos que explican la conformación geográfica actual hasta el destino postmortem de algunos de sus “encantados”, pasando por las enfermedades extrañas que atacan a los que infringen las normas de su espacio sagrado por excelencia: el monte.

Este trabajo nació con la intención académica de compartir parte de la tradición oral de la Mixteca baja, particularmente la figura del tupa o el señor del cerro en el 3er Congreso internacional “Diablos, brujas y otros entes sobrenaturales y fantásticos de la literatura tradicional”, sin embargo, desde el principio se fue convirtiendo en una historia familiar de la cual no pude sustraerme, pues al tratar de explicar las características del multifacético y polimorfo ente sobrenatural en cuestión, vinieron a mi mente las narraciones fantásticas que mi abuela Carmen Ceballos me contaba cuando investigaba para mi tesis de historia local entre el 2003 y 2005.

Cuando preguntaba sobre el tupa, ella trataba de evadir la pregunta o bajaba la voz susurrando, comenzaban grandes silencios o explosiones de ira por la pregunta, aunque como investigador y nieto insistente no quitaba el dedo del renglón, poco era lo que obtenía del tema en las primeras ocasiones y terminaba por lo regular con una indicación que marcaría mucho mi relación con la figura del tupa: “No hables de esas cosas que la gente puede creer que estamos encantados” (Ceballos Báez, comunicación personal, 06-06-2004). No habría de entender esta negativa a hablar sino hasta años muy recientes, después de su fallecimiento.

Esta vinculación personal se reforzó cuando el 02 de agosto de 2018 en una página de Facebook se publicó una entrada que narraba como la bisabuela Tomasa, madre de mi abuela Carmen, al igual que otras campesinas ñuu davi adoró al señor del cerro, y le presentó las ofrendas necesarias para obtener sus favores (Báez, 2018). Mientras la familia se dividía entre quienes festejaron la entrada, dieron likes, comentaron y compartieron, mi padre y yo comprendimos cuanto esa narración hubiera lastimado a mi abuela de continuar viva, pues su más grande temor y vergüenza fue que su madre y parte de su familia siguieran esas prácticas idolátricas, alejados del catolicismo que ella profesó ardientemente.

Una vez presentada la ponencia en el Congreso, la investigación no terminó. Ese mismo 02 de noviembre de 2018, mientras los descendientes de Tomasa velábamos las tumbas de nuestros ancestros, preguntamos insistentemente a la tía Francisca Olivera si confirmaba que cuando niña vio a la bisabuela Tomasa realizando adoración al tupa, la tía jamás se retractó y confirmo su versión (Comunicación personal, 02-11-2018).

Es así que, tejiendo estas historias familiares con las experiencias y vivencias de otros ñuu davi de los municipios de Tequixtepec y Chazumba ya plasmadas en la literatura regional sobre el tema, así como consultando literatura antropológica sobre los dueños del lugar, explicó al lector: ¿quién es el tupa?, ¿dónde habita, ¿cómo se le venera?, ¿qué riquezas otorga mediante un pacto? y ¿qué destino tienen los que han pactado?, conocidos entre el vecindario como “encantados”, con el objetivo de compartir parte de la rica tradición oral de los ñuu davi.

 ¿Quién es el tupa?

También conocido como tabayuco o tova en la zona central de la Mixteca (Cruz y Ceballos, 2015:42 y 84), tabayuku o tóovaha en la Mixteca alta (Reyes, 2011:5-6), parece tener nombre propio para cada una de sus manifestaciones entre los pueblos popolocas al norte de la región de estudio (Gámez, 2011:66-68). En la misma zona de estudio ocasionalmente se refieren al tupa como toni davi para referirse a ellos en plural y también como el chupi o gachupín (González, 2003:157-163).

Es un ser sobrenatural, antropomorfo en algunas de sus manifestaciones, aunque tiene muchas formas de hacer visible su presencia. Tiene poder para intervenir en la vida de los humanos, muestra voluntad propia y deseos que pueden hacer patentes a los hombres y mujeres que ellos eligen. No es uno solo, hay tupas con características individuales en toda la geografía sagrada, y puede ser hombre o mujer. El tupa mujer gusta aparecérsele al hombre y hacerle proposiciones propias de seducción y se les ha visto con vestidos coloridos y cabello suelto muy largo en Santos Reyes Tepejillo (Cruz y Ceballos, 2015:42).

Neftalí González Huerta, nativo de San Juan Yolotepec y autor de El Tupa. El mito de un ser fantástico en una comunidad mixteca, precisa no es el diablo de la religión católica, su madre le decía: “Al diablo, en mixteco, se le conoce como simiá. A este lo trajo la religión católica y se dice que vive en el infierno” mientras que el tupa es considerado como muy propio de los ñuu davi (2003:29-30). Aunque es necesario precisar que hay una asociación muy marcada del tupa con el demonio en las narraciones contadas en Chazumba y Nochixtlán, ambos pueblos cabeceras parroquiales. Intentaré explicar esta asociación en conclusiones.

Todos son fuerza sobrenatural, ni buenos ni malos, en general son favorables o desfavorables para que el que entra en su territorio. Las practicas respetuosas de reconocimiento y respeto a su presencia son recompensadas, la mala actitud hacia él y no mostrarle el respeto debido son sancionados con enfermedad, castigo o muerte.

Es muy común que el tupa pierda a los que considera infractores en su espacio (Benítez, comunicación personal, 7-12-2004). Un tío violento e irrespetuoso subió al cerro Yuku saa a cortar leña y el tupa lo “perdió”, es decir; perdió toda noción de ubicación espacial, metiéndose más y más en los lugares escabrosos e inaccesibles del monte. Desde ese cerro gritaba más que enojado a su mujer para que subieran a traerlo (Ceballos Arriaga, comunicación personal, 02-11-2018). 

¿Dónde habita el tupa?

Las referencias del tupa proceden mayormente de los pueblos de Yolotepec, Joluxtla, Nochixtlán y Chazumba, pueblos ñuu davi campesinos la mayor parte de su historia. Las actividades agrícolas son mayoritarias, complementadas con la ganadería de pequeños rebaños de chivos y la recolección en el monte de palma, carrizo, barro, frutas e insectos del monte. Aunque la actividad económica se ha diversificado en Chazumba, gran parte de los vecinos continua con actividades agrícolas, más aún, las actividades ganaderas y comerciales que acumulan fortunas también caben en la narrativa del tupa como veremos más adelante.

El monte es por excelencia el espacio sagrado del pueblo ñuu davi. Su bienestar se debe al aprovechamiento integro de los productos del monte y es en el cerro donde ocurren los encuentros con el tupa, pues es donde pasan la mayor parte del tiempo los habitantes de la zona. El cerro, apunta Gámez Espinosa “históricamente ha sido un lugar privilegiado para la construcción de múltiples significados. Su posición dentro del paisaje, lugar alto, único, imponente y dominante ha contribuido a que sea uno de los espacios de apropiación con más complejidad. Generalmente es considerado un lugar sagrado y corazón del territorio, es decir, es el símbolo del territorio” (2011:58). Los cerros son referencia geográfica, símbolo del territorio y referente de cultura e identidad local.

Hay tupas en toda la geografía sagrada, no todos tienen la misma presencia recurrente en la narrativa, ni el mismo poder. Así, son famosos en Yolotepec los tupas de los tres cerros que rodean el pueblo: tupa Prisciliana en el Cerro del tigre al norte, al oriente vive tupa Leandro del Cerro oscuro, y al sur vive en Cerro de las plumas el tupa Remigio (González, 2003:44-63). Otro vivió en las cercanías de Nochixtlán, en la conocida hoy como Cueva del Obispo, antiguamente llamada Kawa tupa “Cueva del tupa”, de donde fue expulsado por un obispo de la región con un pavoroso exorcismo (Balbuena, 2002:34-35).

Cerca del Rancho de Santa Clara, en Cueva Bravo se le vio con forma de serpiente en actitud erótica con el rico ranchero de esa finca. Mientras que en Cerro Tekawua de Joluxtla vive uno que entra al pueblo a tomar aguardiente en los tendajones, lo han visto y lo han oído cuando ya borracho sale gritando y cantando rumbo a su casa (Balbuena, 2002:36-39). Mientras que en Chazumba, según la tradición, el tupa Yuku saa fue un héroe cultural y vive en la inmensidad de ese cerro al oriente del pueblo (Hernández, 1994:s/p). Hacia el noroeste de Chazumba vive el tupa de Yucusanchico, respetado y venerado por los campesinos que cultivan en las faldas del cerro del mismo nombre, y muy temido es el de la Cueva de la caparrosa, en la barranca del barrio de Santa Lucía, Chazumba.

Los cerros son lugar donde habita el tupa, pero también se aparece por otros accidentes geográficos; barrancas, cuevas, peñascos y en la parcela del campesino. También entra a los pueblos, y en su forma de serpiente cuida las tiendas de los grandes ricos “encantados” de las comunidades. Lo raro, lo inesperado y poco común para los campesinos evidencia la presencia de tupa. Apunta Barabas que entre las comunidades indígenas oaxaqueñas “Los espacios, en particular los del monte, se conciben poseídos por entidades anímicas territoriales muy poderosas, con gran capacidad de acción, ante las cuales las personas deben realizar cuidadosos rituales” (2008:122).

 ¿Cómo se le venera?

Los tupas viven en cuevas, pero también en amontonamientos de piedra dentro de sitios arqueológicos o parcelas. Algunos tienen forma de piedras labradas por los antiguos ñuu davi y aparecen colocados en pozos y siembras (Benítez, comunicación personal 07-12-2004), donde regularmente se les limpia y ofrenda aguardiente y cigarros. El 2 de agosto de 2018, un primo lejano que administra una página de Facebook sobre leyendas y tradiciones, compartió lo que afirma es la versión de la tía abuela Francisca sobre las prácticas “encantadas” de nuestra bisabuela en común, Tomasa Ceballos.

Afirma que Tomasa tenía escondido en el cerro un ídolo al que adoraba diariamente y en secreto, y que era gracias a esos ritos idolátricos que sus cosechas eran abundantes y su ganado se reproducía favorablemente, origen de una considerable fortuna ranchera (Báez, 2018). Mientras que unos nietos disfrutaron de la narración, mi padre se entristeció profundamente pues sabe que esa era la angustia y vergüenza de su madre, el que sus parientes estuvieran “encantados” y lejanos de Dios.

La forma más común de veneración era cuando los campesinos ñuu davi iniciaban sus trabajos en sus parcelas, antes de cualquier otra acción, solo o en familia, se dirigía en mixteco a “la persona”, al dueño del lugar. Le hablaban respetuosamente y le pedían lluvias, buenas cosechas y que alejara a sus animales dañinos de la milpa. Terminaba ofrendándole a cambio, una copa de aguardiente y un cigarro, porque los tupas gustan mucho del aguardiente.

A Benito García de Yolotepec se le aparecieron dos mujeres güeras y altas junto a un mezquite cerca de su terreno, le pidieron aguardiente y él, sospechando la identidad real de las aparecidas, regresó al pueblo y les compró su medio litro de aguardiente. Regreso al mezquite, ya no las encontró y les vació el aguardiente en el sitio donde se le habían aparecido. Un año después, a otro vecino se le aparecieron las mismas tupas y le mandaron agradecer a don Benito por las copas que les había invitado un año atrás (González, 2003:53-55).

Pero había descreídos y necios que no adoraban el cerro y se burlaban de los creyentes, y a esos les pasaban cosas extrañas y pavorosas: serpientes de cascabel enroscadas en la reja del arado, conejos extraños, animales dañinos en su parcela, manchas en la piel y enfermedades que podían conducir a la muerte de no ser tratadas adecuadamente (González, 2003:156-165).

Alicia Barabas considera la categoría de los etnoterritorios indígenas, en estos ocurre una necesaria reciprocidad entre los hombres y los dueños del lugar, apunta que: “Cada lugar “pertenece” a una entidad anímica territorial potente ante la cual las personas deben realizar rituales, ofrendas y sacrificios para aplacar sus estados de enojo provocados por la intervención irrespetuosa de los humanos en sus lugares, y propiciar su permiso y ayuda, lo que redundará en abundancia y salud. Los dueños son entidades sagradas muy sensibles, que se ofenden si no son atendidas por los humanos mediante ofrendas y sacrificios” (2008:123).

¿Qué riqueza otorga mediante un pacto?

Todos los ñuu davi practicaban estos rituales agrarios, pues la veneración al cerro como dueño de todo bastimento y bienestar proviene de nuestra matriz mesoamericana donde el cerro resguarda en su interior semillas y agua. Y en las narrativas más cercanas a los mestizos de la cabecera municipal, ganado y todo tipo de riqueza en general. Creencias también presentes entre los ngiguas (popolocas) al norte de nuestra región de estudio (Gámez, 2011:63-66).

Sin embargo, con base en las entrevistas a ancianos me parece percibir dos vertientes, mientras que los campesinos más ancianos pedían abundancia de granos y acaso ganado, los más jóvenes y alejados del mundo campesino asocian al cerro con ganado y dinero metálico, así como con comercios exitosos (Ceballos, 2007:95-96). Para adquirir este último tipo de riqueza era necesario pasar de un nivel de reconocimiento y veneración al tupa, a un nivel de adoración y de hacer un pacto con el cerro.

En esta zona pocas veces se le ve o asocia como el charro negro, cosa que ocurre en Guerrero (Figueroa y Baronnet, 2017:45-46), y el tupa no actúa regularmente para hacer un pacto o conceder riqueza, aunque en Yolotepec Florentino Ramírez recibió una moneda por un tupa mujer, pero el vicio por el alcohol lo hizo ir a gastar la moneda en la entonces tiendita de Agapito González que se quedó así con esa moneda encantada y con la fortuna que le atraería hasta convertirlo en el comerciante más rico de una amplia región (González, 2003: 66-67).

Por lo regular es el interesado el que ha de buscar a un brujo que pueda intermediar entre él y el tupa. Para los ñuu davi de la zona, poderosos en el manejo de la brujería eran algunos habitantes de Tonahuixtla, en el estado de Puebla, a donde se les iba a traer para esos trabajos.

Brujo e interesado en pactar se presentaban en las casas de tupas poderosos; en cantiles peñascosos que se abrían en fechas especiales, cuevas sagradas o cimas de cerros donde se hablaba con el señor del cerro y se hacían ofrendas más grandes: garrafas de aguardiente, cartones de cerveza, cajetillas de cigarros, docenas de huevos, chocolate, pan, enfrijoladas, mole, barbacoa entre otros elementos, y un alma; ya fuera la del que pactaba o la de alguien cercano a él. Una ofrenda grande para pactar con el tupa, sellando el pacto con la sangre del ofrendado (Ceballos, 2007:95-97. González 2003:69-70. Acevedo, 2019:6).

El pacto ocurría preferentemente en dos fechas en que los cerros se abrían; el 24 de febrero, día de San Matías (Balbuena, 2002:40) o entre el 23 y 24 de junio, la noche de San Juan. Entonces el cerro se abría y se presentaban cosas maravillosas; toda abundancia y riqueza se encontraban en su interior (Barabas, 2008:124). Pero algunos miedosos, cuando veían el ritual para abrir el cerro se espantaban y se santiguaban o nombraban algún nombre santo, de tal modo que el ritual terminaba ahí y ya no era posible terminar el pacto.

            Entre los campesinos de las rancherías, algunos destacaban por la abundancia y crecimiento de su ganado: reses, vacas y chivos (Benítez, comunicación personal, 07-12-2004). La versión que revela la veneración que mi bisabuela Tomasa hacía al ídolo apunta que como recompensa obtenía que sus cultivos se dieran en abundancia y su ganado: vacas y cabras crecieran exponencialmente en su rancho. Resultado pues, de un pacto con el cerro.

Años después, mi abuela Carmen responsabilizaba a la esposa de su hermano XXXXXX como la principal promotora de la adoración al cerro, y su angustia existencial era que ella o uno de sus hijos hubieran sido ofrendados al tupa. Esta ofrenda del alma o la de algún miembro cercano está también presente en las narraciones de Tepetroja en el valle de Tehuacán (Balderas, 2013:s/p).

Según algunas narraciones, este ganado “encantado” no era bueno, según dicen los abuelos, la carne salía muy roja e indeseable para el consumo, y que si se compraba ese tipo de ganado comenzaba a morirse sin explicación alguna, para algunos este ganado solo era señal de ostentación y no riqueza real, pues el dueño era el tupa. No solo el ganado era la forma de riqueza solicitada, comercios exitosos y monedas de metales preciosos también están presentes, como se narra en otros relatos fantásticos de Zumpango del Río en el estado de Guerrero (Aguayo, 2014:317-318), entre los popolocas de Puebla (Gámez, 2011:65) y básicamente en gran parte de la literatura revisada para este trabajo.

En Chazumba, en septiembre de 2018 murió a muy avanzada edad el dueño de una de las tiendas más grandes del pueblo, y cacique político por más de 40 años. Su fortuna siempre fue sospechosa de provenir del cerro, y algunas murmuraciones del vecindario apuntan que año con año acudía a depositar ofrenda al tupa con el que había pactado.

En Yolotepec, el ya mencionado Agapito González construyó con base en el comercio, el ahorro y la inversión una gran fortuna, pero, independiente de si creemos o no de la moneda del tupa que recibió accidentalmente, aceptó y jugó mucho tiempo con el rumor de sus vecinos sobre que su fortuna era resultado de su pacto con el Cerro de las Plumas (González, 2003:75-76). De principios del siglo procede la historia del rico ganadero dueño del rancho Santa Clara, cuyos vaqueros creían que tenía un pacto con la mujer tupa de Cueva Bravo con quien mantenía relaciones afectivas (Acevedo, 2019:5).

Las historias de Agapito González y el gran rico de Chazumba se asemejan en muchos puntos, aunque la escala es diferente. El hecho es que el comercio de abarrotes y alcohol les dio riqueza y el pueblo explicó esta riqueza como resultado de un pacto con el cerro. En sus tiendas había un espacio cerrado a los desconocidos, ahí acumulaban el dinero y nadie más entraba, algunos afirmaban que conocían a algún afortunado que había logrado ver dentro de esa pieza objetos extraños; velas negras, santos desconocidos y otros elementos extraños que mostraban el origen “encantado” de su fortuna. Ningún elemento era más evidente de un pacto con el tupa que la presencia de pavorosas serpientes por su tamaño y bravura que rondaba dentro de las tiendas (González, 2003:73-75).

En la tienda del gran rico de Chazumba, un borrachito fingió perderse en el alcohol, cuando los dueños cerraron la tienda pensando que dormiría hasta el día siguiente, el abusado teporochito se acercó al barril de aguardiente para continuar su disfrute, entonces vio horrorizado como una enorme culebra agitaba con su cola el delicioso líquido (Ceballos, 2007:96). La serpiente de cascabel u otras de gran tamaño son el animal por excelencia que encarna al tupa y protege su fortuna.

 ¿Qué destino tiene el “encantado”?

Todo aquel que trabajaba con el tupa se le conocía como “encantado”, la tradición apunta que cuando muere un encantado, durante su velorio habrá un momento en que ocurren cosas extrañas; cascabeleo de serpientes, aleteo de zopilotes, remolinos fuertes que entran a la casa, ruidos dentro del cajón, luego de ello, según se dice, el cuerpo desaparecía. Una solución a la falta del cuerpo era rellenar la caja con chimalayos; cactus columnares que daban peso a la caja que se sellaba a los ojos críticos de los vecinos, y así nadie supiera que el muerto había pactado y trabajado con el tupa (Ceballos, 2007:96).

Algunos afirman haber visto a esos difuntos “encantados” en el monte, cuidando grandes rebaños de ganado del cerro, otros los vieron al interior de cuevas, pues ellos nunca descansarían en paz, ya que el cerro los tiene como sus “marranos”. Constantemente los engordaba hasta que bien cebados los mataba, los freía y los comía. Luego unía los huesos y daba “vida” nuevamente a la persona y así durante la eternidad (Acevedo, 2019:27-28. Gámez, 2011:69 y 75).

Y esa fue la angustia existencial de mi abuela, para ella, como mujer profundamente católica, las practicas idolátricas de su madre fueron culpa de su cuñada. Para ella el tupa era tan real y poderoso como lo eran los santos de su devoción, en los cuales se refugió, pues siempre sospechó que su cuñada había pactado con el cerro a cambio del alma de ella o de alguno de sus hijos. Así como afirmaba que en sueños más de una vez vio a la Virgen del Carmen, también, más de una vez le vimos rezando desesperadamente y golpear al aire con su bastón, y nos preguntaba si no veíamos al guajolote, otras veces un toro o incluso una serpiente que ella afirmaba ver.

Estas visiones que tenía en su ya muy avanzada edad terminaron cuando al caer accidentalmente se golpeó en la cabeza y luego de unos meses en coma falleció. Entonces había que elegir a un padrino de cruz para iniciar su novenario, finalmente se eligió como madrina de cruz a una de sus sobrinas nieta, descendiente de la cuñada de la que siempre desconfió.

Casualidad o coincidencia, esta prima nos platicó que cuando velaban a su abuela, un pavoroso y gigantesco remolino se formó en el patio y se enfilo directo hacia el jacal donde yacía el cuerpo, este remolino “poco común” entró al jacal y a punto estuvo de tirar el techo de palma. Más nada preguntamos y hasta ahí quedo esa historia, hasta que las redes sociales y la investigación para ponencia y artículo volvieron a traer a colación estas historias familiares entre los ñuu davi.

Conclusiones:

El tupa es un ser sobrenatural con raíces en la matriz mesoamericana de los pueblos ñuu davi de la Mixteca baja. Su presencia es recurrente en prácticamente toda su tradición oral y la literatura escrita que hoy se está produciendo en la región, porque hablamos que el pueblo ñuu savi habita su etnoterritorio: “territorio histórico, cultural e identitario que cada grupo reconoce como propio, ya que en él no sólo encuentra habitación, sustento y reproducción como grupo sino también oportunidad de reproducir cultura y prácticas sociales a través del tiempo” (Barabas, 2008:129), y donde se coexiste con los ancestros y los espíritus que animan toda la creación.

Para comprender las características del tupa conviene retomar las categorías de análisis de Alicia Barabas, tanto la de etnoterritorio como la de religiones étnicas: nuevas configuraciones que “constituyen totalidades que no pueden ser seccionadas de acuerdo con las procedencias de los elementos culturales que las integran, en la medida que éstos han sido apropiados, reelaborados e integrados por los actores sociales, construyendo así nuevas unidades de sentido” (Barabas, 2008:121). Así, en las culturas indígenas actuales vemos tanto la impronta del catolicismo como la matriz y las raíces culturales mesoamericanas como ocurre en el caso del tupa.

            Ya previamente apunté que entre los ñuu davi coexisten interpretaciones tanto positivas como negativas del tupa. No me parece casual que sea en las cabeceras parroquiales de la zona: Chazumba y Nochixtlán, donde hay una mayor identificación del tupa con el demonio. Los muy cercanos a la iglesia como fueron Máximo Benítez y Carmen Ceballos vieron con temor y hasta con lástima a los que continuaron con prácticas idolátricas, y entre los popolocas del sur de Puebla, los que se iban alejando de las prácticas agrarias tradicionales llamaban brujos a los que veneraban a los cerros (Gámez, s/f:46). No encontré evidencias del tipo de política pastoral en las parroquias de estudio, más no sería extraño que los vecinos cercanos al cura fueran adoctrinados en la ortodoxia católica.

Otra marcada diferencia de interpretación fue referente a la riqueza, mientras las narrativas más antiguas incluyen abundantes cosechas y grandes hatos de ganado, las más recientes corresponden a grandes comercios, casas y autos de lujo (Ceballos, 2007:92-97). En las características del tupa, ya desglosadas, vemos una articulación tanto del catolicismo como de la matriz mesoamericana, que varía dependiendo de las actividades económicas individuales como del tipo de vida; rural o urbano, y la cercanía o lejanía de la iglesia.

Porque los significados e interpretaciones entre los ñuu davi de la región no son estáticos y cambian a través del tiempo, ya que son configuraciones culturales:

“resultantes de dinámicos procesos sociales que implican polisemia y recombinación cultural [..,] la singularidad de cada cultura indígena contemporánea en nuestro ámbito –en ocasiones de cada comunidad– resulta de una combinación específica de nociones, elementos y actos sociales diversos, seleccionados, apropiados y reelaborados en relación con los contextos socio-históricos en los que se ha desenvuelto la vida colectiva” (Barabas, 2008:121).

     No sabemos las nuevas interpretaciones y los significados que se están construyendo entre los ñuu davi de la región ante el proceso de globalización, migración, modernización y digitalización. El tupa nos ha acompañado desde que se tiene memoria, hoy algunas narraciones sobre sus actos se han compartido en redes sociales y en un mural colectivo los artistas plásticos plasmaron a un tupa soplando poderosos vientos sobre el pueblo, más no sabemos si nos acompañara en un futuro cercano en una sociedad digital.


Bibliografía y fuentes de información

Libros:

ACEVEDO CARRASCO, Gelasio. 2019. Recopilación. Santiago Chazumba-Su ruta en el tiempo. México: Talleres Gráficos Escorpio. Edición personal.

BALBUENA CIDEL, Ignacio. 2002. Leyendas Ñuu Davi. Oaxaca: CONACULTA.

CEBALLOS SOTO, Ricardo. 2007. Historia de Santiago Chazumba 1900-1920. Oaxaca: PACMYC-CONACULTA.

CRUZ AGUILAR, Francisca y CEBALLOS SOTO, Ricardo. 2015.  Leyendas, tradiciones y costumbres de Santos Reyes Tepejillo en la voz de sus ancianos. México: PACMYC-CONACULTA.

GONZÁLEZ HUERTA, Neftalí. 2003. El Tupa. El mito de un ser fantástico en una comunidad mixteca. México: PACMYC-CONACULTA.

HERNÁNDEZ SALAZAR, José Baltazar. 1994. Luces del Pasado. Mecanuscrito s/p.

Entrevistas:

BENÍTEZ, Máximo. 2008. Entrevista del 07-12-2004.

CEBALLOS ARRIAGA, Francisco. 2018. Entrevista del 02-11-2018.

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OLIVERA, Francisca. 2018. Entrevista del 02-11-2018.

Artículos:

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http://ru.ffyl.unam.mx/bitstream/handle/10391/4835/02_RLP_XIV_2_2014_Aguayo_313-327.pdf?sequence=1&isAllowed=y

BARABAS, Alicia M., (2008). “Cosmovisiones y etnoterritorialidad en las culturas indígenas de Oaxaca”, Antípoda. Revista de Antropología e Historia, núm. 7, julio-diciembre, 119-139, en: http://www.redalyc.org/pdf/814/81411812007.pdf

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Internet:

BÁEZ OLIVERA, Gilberto, 2008-08-02, “Tomasa Ceballos…Una mujer encantada”, Recuperado de: https://www.facebook.com/groups/113535359363266/permalink/220064295377038/

BALDERAS, Exnemo Exnemo, 23-09-2013, “Leyenda de Cerro de Tepetroja”  en:  https://es.scribd.com/doc/170170415/Leyenda-de-Cerro-de-TEPETROJA

REYES GARCÍA, Héctor Adrián. (2011), “Espacios rituales como esferas del reconocimiento: una perspectiva desde la Mixteca”, en:

https://www.academia.edu/29185204/Espacios_rituales_como_esferas_del_reconocimiento._Una_perspectiva_desde_la_Mixteca_2011_?auto=download



[1] En memoria de Carmen Ceballos

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