Esta investigación esta publicada en:
http://www.libreriacolmich.com/indice/ficha.asp?id=1090
Como autor, publico aquí con el objetivo de compartir con los interesados.
El Tupa entre los ñuu davi de la Mixteca Baja
Mtro. Ricardo Ceballos Soto
Nakui´noini
Carmen Ceballos[1]
Entre
los ñuu davi de la Mixteca Baja,
región cultural compartida por Guerrero, Oaxaca y Puebla, la presencia del tupa
o señor del cerro es recurrente. La geografía rural que habitan también está
poblada por seres sobrenaturales donde el tupa no es al único que reconocen,
pero si al que mejor comprenden y con el cual tienen una relación sociocultural
para mantenerlo favorable a sus necesidades campesinas. Dueño del lugar, habita
las cimas de los cerros, cuevas, llanos y otros accidentes geográficos. La
mayoría de las narraciones de lo sobrenatural en la región tiene relación con
un tupa y sus deseos particulares, desde mitos que explican la conformación
geográfica actual hasta el destino postmortem
de algunos de sus “encantados”, pasando por las enfermedades extrañas que atacan
a los que infringen las normas de su espacio sagrado por excelencia: el monte.
Este trabajo nació con la intención académica de compartir parte de la tradición oral de la Mixteca baja, particularmente la figura del tupa o el señor del cerro en el 3er Congreso internacional “Diablos, brujas y otros entes sobrenaturales y fantásticos de la literatura tradicional”, sin embargo, desde el principio se fue convirtiendo en una historia familiar de la cual no pude sustraerme, pues al tratar de explicar las características del multifacético y polimorfo ente sobrenatural en cuestión, vinieron a mi mente las narraciones fantásticas que mi abuela Carmen Ceballos me contaba cuando investigaba para mi tesis de historia local entre el 2003 y 2005.
Cuando
preguntaba sobre el tupa, ella trataba de evadir la pregunta o bajaba la voz
susurrando, comenzaban grandes silencios o explosiones de ira por la pregunta, aunque
como investigador y nieto insistente no quitaba el dedo del renglón, poco era
lo que obtenía del tema en las primeras ocasiones y terminaba por lo regular
con una indicación que marcaría mucho mi relación con la figura del tupa: “No
hables de esas cosas que la gente puede creer que estamos encantados” (Ceballos
Báez, comunicación personal, 06-06-2004). No habría de entender esta negativa a
hablar sino hasta años muy recientes, después de su fallecimiento.
Esta
vinculación personal se reforzó cuando el 02 de agosto de 2018 en una página de
Facebook se publicó una entrada que narraba como la bisabuela Tomasa, madre de
mi abuela Carmen, al igual que otras campesinas ñuu davi adoró al señor del
cerro, y le presentó las ofrendas necesarias para obtener sus favores (Báez,
2018). Mientras la familia se dividía entre quienes festejaron la entrada,
dieron likes, comentaron y compartieron, mi padre y yo comprendimos cuanto esa
narración hubiera lastimado a mi abuela de continuar viva, pues su más grande
temor y vergüenza fue que su madre y parte de su familia siguieran esas prácticas
idolátricas, alejados del catolicismo que ella profesó ardientemente.
Una
vez presentada la ponencia en el Congreso, la investigación no terminó. Ese
mismo 02 de noviembre de 2018, mientras los descendientes de Tomasa velábamos las
tumbas de nuestros ancestros, preguntamos insistentemente a la tía Francisca
Olivera si confirmaba que cuando niña vio a la bisabuela Tomasa realizando adoración
al tupa, la tía jamás se retractó y confirmo su versión (Comunicación personal,
02-11-2018).
Es
así que, tejiendo estas historias familiares con las experiencias y vivencias
de otros ñuu davi de los municipios de Tequixtepec y Chazumba ya plasmadas en la
literatura regional sobre el tema, así como consultando literatura
antropológica sobre los dueños del lugar, explicó al lector: ¿quién es el tupa?,
¿dónde habita, ¿cómo se le venera?, ¿qué riquezas otorga mediante un pacto? y
¿qué destino tienen los que han pactado?, conocidos entre el vecindario como “encantados”,
con el objetivo de compartir parte de la rica tradición oral de los ñuu davi.
También
conocido como tabayuco o tova en la zona central de la Mixteca (Cruz y
Ceballos, 2015:42 y 84), tabayuku o tóovaha en la Mixteca alta (Reyes,
2011:5-6), parece tener nombre propio para cada una de sus manifestaciones entre los pueblos popolocas
al norte de la región de estudio (Gámez, 2011:66-68). En la misma zona de
estudio ocasionalmente se refieren al tupa como toni davi para referirse a
ellos en plural y también como el chupi o gachupín (González, 2003:157-163).
Es
un ser sobrenatural, antropomorfo en algunas de sus manifestaciones, aunque tiene
muchas formas de hacer visible su presencia. Tiene poder para intervenir en la
vida de los humanos, muestra voluntad propia y deseos que pueden hacer patentes
a los hombres y mujeres que ellos eligen. No es uno solo, hay tupas con
características individuales en toda la geografía sagrada, y puede ser hombre o
mujer. El tupa mujer gusta aparecérsele al hombre y hacerle proposiciones
propias de seducción y se les ha visto con vestidos coloridos y cabello suelto
muy largo en Santos Reyes Tepejillo (Cruz y Ceballos, 2015:42).
Neftalí
González Huerta, nativo de San Juan Yolotepec y autor de El Tupa. El mito de un ser fantástico en una comunidad mixteca,
precisa no es el diablo de la religión católica, su madre le decía: “Al diablo,
en mixteco, se le conoce como simiá. A este lo trajo la religión católica y se
dice que vive en el infierno” mientras que el tupa es considerado como muy
propio de los ñuu davi (2003:29-30). Aunque es necesario precisar que hay una asociación
muy marcada del tupa con el demonio en las narraciones contadas en Chazumba y
Nochixtlán, ambos pueblos cabeceras parroquiales. Intentaré explicar esta asociación
en conclusiones.
Todos
son fuerza sobrenatural, ni buenos ni malos, en general son favorables o
desfavorables para que el que entra en su territorio. Las practicas respetuosas
de reconocimiento y respeto a su presencia son recompensadas, la mala actitud
hacia él y no mostrarle el respeto debido son sancionados con enfermedad,
castigo o muerte.
Es muy común que el tupa pierda a los que considera infractores en su espacio (Benítez, comunicación personal, 7-12-2004). Un tío violento e irrespetuoso subió al cerro Yuku saa a cortar leña y el tupa lo “perdió”, es decir; perdió toda noción de ubicación espacial, metiéndose más y más en los lugares escabrosos e inaccesibles del monte. Desde ese cerro gritaba más que enojado a su mujer para que subieran a traerlo (Ceballos Arriaga, comunicación personal, 02-11-2018).
¿Dónde habita el tupa?
Las
referencias del tupa proceden mayormente de los pueblos de Yolotepec, Joluxtla,
Nochixtlán y Chazumba, pueblos ñuu davi campesinos la mayor parte de su
historia. Las actividades agrícolas son mayoritarias, complementadas con la
ganadería de pequeños rebaños de chivos y la recolección en el monte de palma,
carrizo, barro, frutas e insectos del monte. Aunque la actividad económica se
ha diversificado en Chazumba, gran parte de los vecinos continua con
actividades agrícolas, más aún, las actividades ganaderas y comerciales que
acumulan fortunas también caben en la narrativa del tupa como veremos más
adelante.
El
monte es por excelencia el espacio sagrado del pueblo ñuu davi. Su bienestar se
debe al aprovechamiento integro de los productos del monte y es en el cerro
donde ocurren los encuentros con el tupa, pues es donde pasan la mayor parte
del tiempo los habitantes de la zona. El cerro, apunta Gámez Espinosa “históricamente
ha sido un lugar privilegiado para la construcción de múltiples significados.
Su posición dentro del paisaje, lugar alto, único, imponente y dominante ha
contribuido a que sea uno de los espacios de apropiación con más complejidad.
Generalmente es considerado un lugar sagrado y corazón del territorio, es
decir, es el símbolo del territorio” (2011:58). Los cerros son referencia
geográfica, símbolo del territorio y referente de cultura e identidad local.
Hay
tupas en toda la geografía sagrada, no todos tienen la misma presencia
recurrente en la narrativa, ni el mismo poder. Así, son famosos en Yolotepec
los tupas de los tres cerros que rodean el pueblo: tupa Prisciliana en el Cerro
del tigre al norte, al oriente vive tupa Leandro del Cerro oscuro, y al sur
vive en Cerro de las plumas el tupa Remigio (González, 2003:44-63). Otro vivió
en las cercanías de Nochixtlán, en la conocida hoy como Cueva del Obispo,
antiguamente llamada Kawa tupa “Cueva del tupa”, de donde fue expulsado por un
obispo de la región con un pavoroso exorcismo (Balbuena, 2002:34-35).
Cerca
del Rancho de Santa Clara, en Cueva Bravo se le vio con forma de serpiente en
actitud erótica con el rico ranchero de esa finca. Mientras que en Cerro
Tekawua de Joluxtla vive uno que entra al pueblo a tomar aguardiente en los
tendajones, lo han visto y lo han oído cuando ya borracho sale gritando y
cantando rumbo a su casa (Balbuena, 2002:36-39). Mientras que en Chazumba,
según la tradición, el tupa Yuku saa fue un héroe cultural y vive en la
inmensidad de ese cerro al oriente del pueblo (Hernández, 1994:s/p). Hacia el
noroeste de Chazumba vive el tupa de Yucusanchico, respetado y venerado por los
campesinos que cultivan en las faldas del cerro del mismo nombre, y muy temido es
el de la Cueva de la caparrosa, en la barranca del barrio de Santa Lucía,
Chazumba.
Los
cerros son lugar donde habita el tupa, pero también se aparece por otros
accidentes geográficos; barrancas, cuevas, peñascos y en la parcela del
campesino. También entra a los pueblos, y en su forma de serpiente cuida las
tiendas de los grandes ricos “encantados” de las comunidades. Lo raro, lo
inesperado y poco común para los campesinos evidencia la presencia de tupa. Apunta
Barabas que entre las comunidades indígenas oaxaqueñas “Los espacios, en
particular los del monte, se conciben poseídos por entidades anímicas
territoriales muy poderosas, con gran capacidad de acción, ante las cuales las
personas deben realizar cuidadosos rituales” (2008:122).
Los
tupas viven en cuevas, pero también en amontonamientos de piedra dentro de
sitios arqueológicos o parcelas. Algunos tienen forma de piedras labradas por
los antiguos ñuu davi y aparecen colocados en pozos y siembras (Benítez,
comunicación personal 07-12-2004), donde regularmente se les limpia y ofrenda
aguardiente y cigarros. El 2 de agosto de 2018, un primo lejano que administra
una página de Facebook sobre leyendas y tradiciones, compartió lo que afirma es
la versión de la tía abuela Francisca sobre las prácticas “encantadas” de
nuestra bisabuela en común, Tomasa Ceballos.
Afirma
que Tomasa tenía escondido en el cerro un ídolo al que adoraba diariamente y en
secreto, y que era gracias a esos ritos idolátricos que sus cosechas eran
abundantes y su ganado se reproducía favorablemente, origen de una considerable
fortuna ranchera (Báez, 2018). Mientras que unos nietos disfrutaron de la
narración, mi padre se entristeció profundamente pues sabe que esa era la
angustia y vergüenza de su madre, el que sus parientes estuvieran “encantados”
y lejanos de Dios.
La
forma más común de veneración era cuando los campesinos ñuu davi iniciaban sus
trabajos en sus parcelas, antes de cualquier otra acción, solo o en familia, se
dirigía en mixteco a “la persona”, al dueño del lugar. Le hablaban
respetuosamente y le pedían lluvias, buenas cosechas y que alejara a sus
animales dañinos de la milpa. Terminaba ofrendándole a cambio, una copa de
aguardiente y un cigarro, porque los tupas gustan mucho del aguardiente.
A
Benito García de Yolotepec se le aparecieron dos mujeres güeras y altas junto a
un mezquite cerca de su terreno, le pidieron aguardiente y él, sospechando la identidad
real de las aparecidas, regresó al pueblo y les compró su medio litro de
aguardiente. Regreso al mezquite, ya no las encontró y les vació el aguardiente
en el sitio donde se le habían aparecido. Un año después, a otro vecino se le
aparecieron las mismas tupas y le mandaron agradecer a don Benito por las copas
que les había invitado un año atrás (González, 2003:53-55).
Pero
había descreídos y necios que no adoraban el cerro y se burlaban de los
creyentes, y a esos les pasaban cosas extrañas y pavorosas: serpientes de
cascabel enroscadas en la reja del arado, conejos extraños, animales dañinos en
su parcela, manchas en la piel y enfermedades que podían conducir a la muerte
de no ser tratadas adecuadamente (González, 2003:156-165).
Alicia Barabas considera la categoría de los etnoterritorios indígenas, en estos ocurre una necesaria reciprocidad entre los hombres y los dueños del lugar, apunta que: “Cada lugar “pertenece” a una entidad anímica territorial potente ante la cual las personas deben realizar rituales, ofrendas y sacrificios para aplacar sus estados de enojo provocados por la intervención irrespetuosa de los humanos en sus lugares, y propiciar su permiso y ayuda, lo que redundará en abundancia y salud. Los dueños son entidades sagradas muy sensibles, que se ofenden si no son atendidas por los humanos mediante ofrendas y sacrificios” (2008:123).
¿Qué riqueza otorga mediante un pacto?
Todos
los ñuu davi practicaban estos rituales agrarios, pues la veneración al cerro
como dueño de todo bastimento y bienestar proviene de nuestra matriz
mesoamericana donde el cerro resguarda en su interior semillas y agua. Y en las
narrativas más cercanas a los mestizos de la cabecera municipal, ganado y todo
tipo de riqueza en general. Creencias también presentes entre los ngiguas
(popolocas) al norte de nuestra región de estudio (Gámez, 2011:63-66).
Sin
embargo, con base en las entrevistas a ancianos me parece percibir dos
vertientes, mientras que los campesinos más ancianos pedían abundancia de
granos y acaso ganado, los más jóvenes y alejados del mundo campesino asocian
al cerro con ganado y dinero metálico, así como con comercios exitosos
(Ceballos, 2007:95-96). Para adquirir este último tipo de riqueza era necesario
pasar de un nivel de reconocimiento y veneración al tupa, a un nivel de adoración
y de hacer un pacto con el cerro.
En
esta zona pocas veces se le ve o asocia como el charro negro, cosa que ocurre en
Guerrero (Figueroa y Baronnet, 2017:45-46), y el tupa no actúa regularmente
para hacer un pacto o conceder riqueza, aunque en Yolotepec Florentino Ramírez recibió
una moneda por un tupa mujer, pero el vicio por el alcohol lo hizo ir a gastar
la moneda en la entonces tiendita de Agapito González que se quedó así con esa
moneda encantada y con la fortuna que le atraería hasta convertirlo en el
comerciante más rico de una amplia región (González, 2003: 66-67).
Por
lo regular es el interesado el que ha de buscar a un brujo que pueda
intermediar entre él y el tupa. Para los ñuu davi de la zona, poderosos en el
manejo de la brujería eran algunos habitantes de Tonahuixtla, en el estado de
Puebla, a donde se les iba a traer para esos trabajos.
Brujo
e interesado en pactar se presentaban en las casas de tupas poderosos; en cantiles
peñascosos que se abrían en fechas especiales, cuevas sagradas o cimas de
cerros donde se hablaba con el señor del cerro y se hacían ofrendas más
grandes: garrafas de aguardiente, cartones de cerveza, cajetillas de cigarros,
docenas de huevos, chocolate, pan, enfrijoladas, mole, barbacoa entre otros
elementos, y un alma; ya fuera la del que pactaba o la de alguien cercano a él.
Una ofrenda grande para pactar con el tupa, sellando el pacto con la sangre del
ofrendado (Ceballos, 2007:95-97. González 2003:69-70. Acevedo, 2019:6).
El
pacto ocurría preferentemente en dos fechas en que los cerros se abrían; el 24
de febrero, día de San Matías (Balbuena, 2002:40) o entre el 23 y 24 de junio,
la noche de San Juan. Entonces el cerro se abría y se presentaban cosas
maravillosas; toda abundancia y riqueza se encontraban en su interior (Barabas,
2008:124). Pero algunos miedosos, cuando veían el ritual para abrir el cerro se
espantaban y se santiguaban o nombraban algún nombre santo, de tal modo que el
ritual terminaba ahí y ya no era posible terminar el pacto.
Entre los campesinos de las
rancherías, algunos destacaban por la abundancia y crecimiento de su ganado: reses,
vacas y chivos (Benítez, comunicación personal, 07-12-2004). La versión que revela
la veneración que mi bisabuela Tomasa hacía al ídolo apunta que como recompensa
obtenía que sus cultivos se dieran en abundancia y su ganado: vacas y cabras
crecieran exponencialmente en su rancho. Resultado pues, de un pacto con el cerro.
Años
después, mi abuela Carmen responsabilizaba a la esposa de su hermano XXXXXX como la principal promotora de la adoración al cerro, y su angustia existencial
era que ella o uno de sus hijos hubieran sido ofrendados al tupa. Esta ofrenda
del alma o la de algún miembro cercano está también presente en las narraciones
de Tepetroja en el valle de Tehuacán (Balderas, 2013:s/p).
Según
algunas narraciones, este ganado “encantado” no era bueno, según dicen los
abuelos, la carne salía muy roja e indeseable para el consumo, y que si se
compraba ese tipo de ganado comenzaba a morirse sin explicación alguna, para
algunos este ganado solo era señal de ostentación y no riqueza real, pues el
dueño era el tupa. No solo el ganado era la forma de riqueza solicitada,
comercios exitosos y monedas de metales preciosos también están presentes, como
se narra en otros relatos fantásticos de Zumpango del Río en el estado de
Guerrero (Aguayo, 2014:317-318), entre los popolocas de Puebla (Gámez, 2011:65)
y básicamente en gran parte de la literatura revisada para este trabajo.
En
Chazumba, en septiembre de 2018 murió a muy avanzada edad el dueño de una de
las tiendas más grandes del pueblo, y cacique político por más de 40 años. Su
fortuna siempre fue sospechosa de provenir del cerro, y algunas murmuraciones
del vecindario apuntan que año con año acudía a depositar ofrenda al tupa con
el que había pactado.
En
Yolotepec, el ya mencionado Agapito González construyó con base en el comercio,
el ahorro y la inversión una gran fortuna, pero, independiente de si creemos o
no de la moneda del tupa que recibió accidentalmente, aceptó y jugó mucho
tiempo con el rumor de sus vecinos sobre que su fortuna era resultado de su pacto
con el Cerro de las Plumas (González, 2003:75-76). De principios del siglo
procede la historia del rico ganadero dueño del rancho Santa Clara, cuyos
vaqueros creían que tenía un pacto con la mujer tupa de Cueva Bravo con quien
mantenía relaciones afectivas (Acevedo, 2019:5).
Las
historias de Agapito González y el gran rico de Chazumba se asemejan en muchos
puntos, aunque la escala es diferente. El hecho es que el comercio de abarrotes
y alcohol les dio riqueza y el pueblo explicó esta riqueza como resultado de un
pacto con el cerro. En sus tiendas había un espacio cerrado a los desconocidos,
ahí acumulaban el dinero y nadie más entraba, algunos afirmaban que conocían a
algún afortunado que había logrado ver dentro de esa pieza objetos extraños; velas
negras, santos desconocidos y otros elementos extraños que mostraban el origen “encantado”
de su fortuna. Ningún elemento era más evidente de un pacto con el tupa que la
presencia de pavorosas serpientes por su tamaño y bravura que rondaba dentro de
las tiendas (González, 2003:73-75).
En
la tienda del gran rico de Chazumba, un borrachito fingió perderse en el
alcohol, cuando los dueños cerraron la tienda pensando que dormiría hasta el
día siguiente, el abusado teporochito se acercó al barril de aguardiente para
continuar su disfrute, entonces vio horrorizado como una enorme culebra agitaba
con su cola el delicioso líquido
(Ceballos, 2007:96). La serpiente de cascabel u otras de gran tamaño son el animal
por excelencia que encarna al tupa y protege su fortuna.
Todo
aquel que trabajaba con el tupa se le conocía como “encantado”, la tradición
apunta que cuando muere un encantado, durante su velorio habrá un momento en
que ocurren cosas extrañas; cascabeleo de serpientes, aleteo de zopilotes,
remolinos fuertes que entran a la casa, ruidos dentro del cajón, luego de ello,
según se dice, el cuerpo desaparecía. Una solución a la falta del cuerpo era
rellenar la caja con chimalayos; cactus columnares que daban peso a la caja que
se sellaba a los ojos críticos de los vecinos, y así nadie supiera que el
muerto había pactado y trabajado con el tupa (Ceballos, 2007:96).
Algunos
afirman haber visto a esos difuntos “encantados” en el monte, cuidando grandes
rebaños de ganado del cerro, otros los vieron al interior de cuevas, pues ellos
nunca descansarían en paz, ya que el cerro los tiene como sus “marranos”. Constantemente
los engordaba hasta que bien cebados los mataba, los freía y los comía. Luego unía
los huesos y daba “vida” nuevamente a la persona y así durante la eternidad (Acevedo,
2019:27-28. Gámez, 2011:69 y 75).
Y
esa fue la angustia existencial de mi abuela, para ella, como mujer
profundamente católica, las practicas idolátricas de su madre fueron culpa de su
cuñada. Para ella el tupa era tan real y poderoso como lo eran los santos de su
devoción, en los cuales se refugió, pues siempre sospechó que su cuñada había
pactado con el cerro a cambio del alma de ella o de alguno de sus hijos. Así
como afirmaba que en sueños más de una vez vio a la Virgen del Carmen, también,
más de una vez le vimos rezando desesperadamente y golpear al aire con su
bastón, y nos preguntaba si no veíamos al guajolote, otras veces un toro o incluso
una serpiente que ella afirmaba ver.
Estas
visiones que tenía en su ya muy avanzada edad terminaron cuando al caer
accidentalmente se golpeó en la cabeza y luego de unos meses en coma falleció. Entonces
había que elegir a un padrino de cruz para iniciar su novenario, finalmente se
eligió como madrina de cruz a una de sus sobrinas nieta, descendiente de la cuñada
de la que siempre desconfió.
Casualidad
o coincidencia, esta prima nos platicó que cuando velaban a su abuela, un
pavoroso y gigantesco remolino se formó en el patio y se enfilo directo hacia
el jacal donde yacía el cuerpo, este remolino “poco común” entró al jacal y a
punto estuvo de tirar el techo de palma. Más nada preguntamos y hasta ahí quedo
esa historia, hasta que las redes sociales y la investigación para ponencia y
artículo volvieron a traer a colación estas historias familiares entre los ñuu
davi.
Conclusiones:
El
tupa es un ser sobrenatural con raíces en la matriz mesoamericana de los
pueblos ñuu davi de la Mixteca baja. Su presencia es recurrente en
prácticamente toda su tradición oral y la literatura escrita que hoy se está
produciendo en la región, porque hablamos que el pueblo ñuu savi habita su
etnoterritorio: “territorio histórico, cultural e identitario que cada grupo
reconoce como propio, ya que en él no sólo encuentra habitación, sustento y
reproducción como grupo sino también oportunidad de reproducir cultura y
prácticas sociales a través del tiempo” (Barabas, 2008:129), y donde se
coexiste con los ancestros y los espíritus que animan toda la creación.
Para
comprender las características del tupa conviene retomar las categorías de
análisis de Alicia Barabas, tanto la de etnoterritorio como la de religiones
étnicas: nuevas configuraciones que “constituyen totalidades que no pueden ser
seccionadas de acuerdo con las procedencias de los elementos culturales que las
integran, en la medida que éstos han sido apropiados, reelaborados e integrados
por los actores sociales, construyendo así nuevas unidades de sentido”
(Barabas, 2008:121). Así, en las culturas indígenas actuales vemos tanto la
impronta del catolicismo como la matriz y las raíces culturales mesoamericanas
como ocurre en el caso del tupa.
Ya previamente apunté que entre los
ñuu davi coexisten interpretaciones tanto positivas como negativas del tupa. No
me parece casual que sea en las cabeceras parroquiales de la zona: Chazumba y
Nochixtlán, donde hay una mayor identificación del tupa con el demonio. Los muy
cercanos a la iglesia como fueron Máximo Benítez y Carmen Ceballos vieron con
temor y hasta con lástima a los que continuaron con prácticas idolátricas, y entre
los popolocas del sur de Puebla, los que se iban alejando de las prácticas
agrarias tradicionales llamaban brujos a los que veneraban a los cerros (Gámez,
s/f:46). No encontré evidencias del tipo de política pastoral en las parroquias
de estudio, más no sería extraño que los vecinos cercanos al cura fueran
adoctrinados en la ortodoxia católica.
Otra
marcada diferencia de interpretación fue referente a la riqueza, mientras las
narrativas más antiguas incluyen abundantes cosechas y grandes hatos de ganado,
las más recientes corresponden a grandes comercios, casas y autos de lujo
(Ceballos, 2007:92-97). En las características del tupa, ya desglosadas, vemos
una articulación tanto del catolicismo como de la matriz mesoamericana, que
varía dependiendo de las actividades económicas individuales como del tipo de
vida; rural o urbano, y la cercanía o lejanía de la iglesia.
Porque
los significados e interpretaciones entre los ñuu davi de la región no son
estáticos y cambian a través del tiempo, ya que son configuraciones culturales:
“resultantes
de dinámicos procesos sociales que implican polisemia y recombinación cultural
[..,] la singularidad de cada cultura indígena contemporánea en nuestro ámbito
–en ocasiones de cada comunidad– resulta de una combinación específica de
nociones, elementos y actos sociales diversos, seleccionados, apropiados y
reelaborados en relación con los contextos socio-históricos en los que se ha
desenvuelto la vida colectiva” (Barabas, 2008:121).
No sabemos las nuevas interpretaciones y los significados que se están construyendo entre los ñuu davi de la región ante el proceso de globalización, migración, modernización y digitalización. El tupa nos ha acompañado desde que se tiene memoria, hoy algunas narraciones sobre sus actos se han compartido en redes sociales y en un mural colectivo los artistas plásticos plasmaron a un tupa soplando poderosos vientos sobre el pueblo, más no sabemos si nos acompañara en un futuro cercano en una sociedad digital.
Bibliografía y fuentes de información
Libros:
ACEVEDO
CARRASCO, Gelasio. 2019. Recopilación.
Santiago Chazumba-Su ruta en el tiempo. México: Talleres Gráficos Escorpio.
Edición personal.
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HERNÁNDEZ SALAZAR, José Baltazar. 1994. Luces del Pasado. Mecanuscrito s/p.
Entrevistas:
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Artículos:
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populares, XIV-2, 313-327, en:
BARABAS, Alicia M., (2008). “Cosmovisiones y etnoterritorialidad en las culturas indígenas de Oaxaca”, Antípoda. Revista de Antropología e Historia, núm. 7, julio-diciembre, 119-139, en: http://www.redalyc.org/pdf/814/81411812007.pdf
GÁMEZ ESPINOSA, Alejandra. (2003), “El ciclo agrícola ritual en una comunidad popoloca del sur de Puebla”, Graffylia: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Nº. 2, 39-53, en:
GÁMEZ ESPINOSA, Alejandra. (2011), “El complejo-cerro, símbolo del territorio ngigua. Apropiación del espacio en el sureste de Puebla”, Escritos, número 44, 57-80, en:
FIGUEROA SAAVEDRA, Miguel y BARONNET, Bruno. (2017), “La narración nahua de «El Cerro del Jumil»: ¿un relato social o un cuento maravilloso?”, Boletín de Literatura Oral, vol. 7, 43-60, en: https://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/blo/article/view/2906/2858
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BALDERAS,
Exnemo Exnemo, 23-09-2013, “Leyenda de Cerro de Tepetroja” en: https://es.scribd.com/doc/170170415/Leyenda-de-Cerro-de-TEPETROJA
REYES GARCÍA, Héctor Adrián. (2011), “Espacios rituales como esferas del reconocimiento: una perspectiva desde la Mixteca”, en:

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